En el libro Cariño, vamos al cine hay una parte muy interesante, que trata sobre los mitos y creencias más comunes en la relación de pareja, donde intentamos agrupar los más importantes de la cultura occidental, ya que a nivel global existen otras muchas culturas con diferentes creencias y maneras de ver las relaciones humanas. En la actualidad se da una mezcolanza de convicciones basadas en una idea de familia tradicional “chapada a la antigua“, con otras más influenciadas por la economía de mercado. La idea que se nos vende en el mundo occidental del tipo “eres un individuo único con todo el mundo a tu alcance, puedes elegir hacer lo que quieras y estar con quien quieras”, muchas veces no es para nada cierta.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telemática (24 marzo 2021). Audio cortesía de Jorge Martínez.

En general, entre las generaciones más jóvenes, se dan las creencias tipo lo que acabamos de comentar anteriormente, como que tenemos una potencialidad infinita y que el compromiso es una cosa antigua del pasado. Las más mayores, sin embargo, estarían en el otro lado, con ideas como “mejor un hogar infeliz que un hogar roto” o un “si te casas con una persona te estás casando también con su familia”. Es importante remarcar que el contexto socioeconómico en el que ha crecido y vivido el grupo generacional es clave para el mantenimiento de estas creencias. Por otra parte, los precios de la vivienda y los bajos salarios pueden influir en la idea de falta de compromiso, básicamente porque es difícil acceder a la estabilidad económica y laboral que permite organizar la vida a 20 o 30 años vista.

Mitos comunes entre generaciones

Todavía se dan muchos mitos que son comunes en las distintas generaciones y gran parte de ellos los podríamos explicar, de manera general, con la idea del pensamiento mágico y el centrarlo todo en el otro. Por ej. el concepto del “amor todo lo puede”. Muchas personas piensan que porque les atraiga alguien o exista buena conexión entre ellas por hobbies o intereses comunes la relación ya va a fluir sola. Es cierto que intereses comunes hacen que existan más nexos que ayudan a asentar la relación, pero el pensamiento mágico sería pensar que solo con esto ya es suficiente para que la relación de pareja funcione. Las relaciones humanas son en muchísimas ocasiones ambivalentes, contradictorias y confusas, y hay que poner de nuestra parte. Las cosas no ocurren simplemente porque así lo deseemos.

Según Stenberg, las tres patas principales del taburete de la relación de pareja son la pasión, la intimidad y el compromiso, y cada una de estas tiene diferentes variables que van más allá del “como tenemos cosas en común, pues ya lo tenemos hecho”. El tema de los hijos también suele ser bastante común. La idea de “tener hijos hará que nuestra relación tenga un sentido más elevado y funcione”, es totalmente equivocada, de hecho suele ser todo lo contrario.

La imagen social y la frustración

En una sociedad tan basada en la imagen y con tanta falta de tolerancia a la frustración, existen diferentes creencias que se podrían resumir en “al mínimo problema, no merece la pena sufrir”. En terapia se incide bastante en que puede haber problemas irresolubles de base tales como creencias arraigadas que suelen ser casi imposible de eliminar, ya que van entroncadas con nuestro yo (dinero, estilos de apego,…). Muchas personas, una vez pasado el shock inicial de que existen diferencias de base, en principio irreconciliables con el amor de su vida, trabajan duro para asumir la situación y generar estrategias para dar la vuelta a estas diferencias y verlas como algo positivo. La riqueza y la diversidad son lo que hace al humano y a su cultura crecer, los comportamientos estancos y aislados no suelen dar buenos resultados.

La idea de compilar algunos de estos mitos en el libro fue la de intentar hacer a las personas pensar y plantearse diversos aspectos de su vida. No hay que sentirse culpable si, “acumulamos” muchos de ellos. Los humanos no somos entidades autónomas y aisladas, somos hijos de la sociedad y de la cultura en las que nos ha tocado nacer y cada una viene con ideas de base predeterminadas, con mayor o menor sentido práctico o racional.

Focalizar las causas de nuestra felicidad o infelicidad siempre en el otro no suele dar muy buenos frutos, y aconsejamos intentar no proyectar demasiado nuestras frustraciones en los demás. Hay que hacer un trabajo de base con nosotros mismos antes de querer estar a gusto con los otros.

Referencias:

  • Cueto, M.A, Cueto, D. y Teso, E. (2020). Cariño, vamos al cine. El Cine en la Terapia de Pareja como Estrategia Comunicativa. León. Cepteco.