En la cultura popular, ya sea en series, películas, libros o en conversaciones con amigos o familia la menopausia tiene un buen número de referencias y comentarios. Esta situación del aspecto femenino que para muchas mujeres es poco edificante, en el aspecto masculino también se da.

En el hombre de manera más coloquial se le suele denominar la “pitopausia”. De manera científica se denomina andropausia, y se crea o no, cada vez está recibiendo más atención de la comunidad científica. Lo que pasa es que, aunque ambas estén consideradas como crisis de la mediana edad, parece que en la mujer se refiere a unos cambios específicos tanto fisiológicos como hormonales, mientras que en el hombre se suele utilizar más como sinónimo de crisis existencial. Pero como acabamos de comentar, los factores médicos de la andropausia y su efecto en el bienestar social y personal del hombre están siendo mirados cada vez con más atención.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telemática (7 abril 2021). Audio cortesía de Javier Chamorro.

La andropausia a nivel clínico

Alrededor de los 40-50 años suele producirse una disminución gradual de los niveles de testosterona en el cuerpo. Pero, como existe una variabilidad muy grande entre hombres en dicha bajada, hay profesionales que preferirían denominarla “hipogonadismo de aparición tardía” o “deficiencia/déficit de testosterona”. Esta disminución de testosterona puede provocar cambios físicos o emocionales, afecta también a las relaciones íntimas con diagnósticos como disfunción eréctil, disminución del deseo o problemas de eyaculación (tanto prematura como retardada). La edad sería el factor predictor más importante, con una incidencia de entre un 6-15% en la década de los 40 años hasta llegar entre un 40-70% a partir de los 70 años.

Existen multitud de protocolos terapéuticos con recursos médicos o psicológicos que pueden ayudar al hombre a mejorar la sintomatología de la andropausia y el malestar psicológico asociado. Sería un término de nuevo cuño denominado “parejapausia”, que consiste en hacer ver que empíricamente, la aparición de problemáticas sexuales en un cónyuge empeora cualquier sintomatología que haya en el otro. Evidentemente no todas las personas que acuden a terapia tienen una pareja estable con la que compartir tratamiento, pero particularmente nos gusta la idea de no ver la sexualidad como algo individualista o aislado.

En caso de tener pareja estable a esas edades, es mucho mejor realizar cualquier tipo de intervención terapéutica, teniendo en cuenta al cónyuge. La evidencia empírica así lo afirma. Lo mismo que hemos comentado sobre que la aparición de un trastorno sexual es predictor de insatisfacción sexual con el cónyuge ocurre lo mismo a la inversa: las personas se sienten sexualmente más satisfechas si su pareja muestra buena salud, buen funcionamiento sexual y satisfacción general en la relación.

Menopausia y andropausia

Menopausia y andropausia pueden tener unos síntomas diferentes pero con una base biológica común, si se trabaja con la otra parte de la “media naranja”, las posibilidades de éxito en el aspecto terapéutico mejoran. El dar por ejemplo pautas conductuales en conductas sexuales como el aumento de juegos previos, pasar más tiempo de calidad juntos o añadir novedades al acto sexual puede provocar cambios positivos en la autoimagen y mitigar esa “crisis existencial”. Aunque los síntomas fisiológicos se pueden revertir en ocasiones con cierta medicación, no se puede decir un “resígnese y ya está”. La idea principal sería hacer ver tanto hombres como mujeres que estos cambios fisiológicos no tienen porqué ser el fin de su vida sexual tal como la conciben.

El mito de la juventud como fuente de vitalidad absoluta sigue muy presente y afecta tanto a hombres como a mujeres, incluso diríamos que hay más constricciones y mitos de “sexualidad finiquitada con la edad” en ellas. Es muy importante hacer un trabajo de educación y concienciar a la población general que no todo es potencia y hormonas fluyendo por nuestro cuerpo dándonos libido, sino que se puede ver esto como una ventaja en algunos aspectos (la experiencia de lo que nos gusta o no en la cama es muy importante como variable de la satisfacción sexual global), y no ver el sexo como un “todo o nada” con la edad como factor más importante.

Referencias:

  • Dean, J.D. y otros (2015). The International Society for Sexual Medicine’s process of care for the assessment and management of testosterone deficiency in adult men. The Journal of Sexual Medicine12(8), 1660-1686.
  • Jannini, E.A. y Nappi, R. E. (2018). Couplepause: a new paradigm in treating sexual dysfunction during menopause and andropause. Sexual Medicine Reviews6(3), 384-395.