Los ataques de ira tienen mucho que ver con la interpretación del hecho que lo ha desencadenado. Es importante tener la capacidad de reconocer las señales de la ira y detectar por qué está ocurriendo. De esta forma, será más fácil controlarla.
Los ataques de ira tienen mucho que ver con la interpretación del hecho que lo ha desencadenado. Es importante tener la capacidad de reconocer las señales de la ira y detectar por qué está ocurriendo. De esta forma, será más fácil controlarla.
Múltiples estudios demuestran que las crisis financieras, las malas cosechas o la pérdida de empleo empeoran de forma directa la salud mental. Por el contrario, los programas de ayuda económica y las transferencias de efectivo logran reducir los niveles de ansiedad y depresión.
Este impacto es intergeneracional: la enfermedad mental de los padres afecta el desarrollo cognitivo y el rendimiento educativo de los hijos, perpetuando el problema a lo largo de las generaciones.
Es un trastorno de la personalidad caracterizado por rasgos como la grandiosidad, la constante necesidad de admiración y la falta de empatía. También diferencia entre dos subtipos: el narcisismo grandioso, más visible y asociado a la superioridad, y el vulnerable, menos evidente y vinculado a una autoestima frágil y aislamiento.
La evasividad afectiva (o evitación emocional) es un mecanismo de defensa psicológico que consiste en huir o suprimir pensamientos, recuerdos y sentimientos incómodos. Dichas personas generan un distanciamiento en las relaciones, evitan el compromiso o las conversaciones profundas, pareciendo personas frías o inaccesibles.
Tienden a apagar sus emociones como el amor, el miedo, la tristeza o la vulnerabilidad, creando una «anestesia emocional» que dificulta profundamente la conexión íntima con los demás.
La ansiedad infantil es mucho más que una simple timidez o un miedo puntual. El psicólogo David Cueto explica que se puede manifestar de formas muy diversas: desde miedos excesivos, dificultades para separarse de los padres o problemas sociales hasta síntomas físicos como dolores de estómago, trastornos del sueño o irritabilidad. También remarca que no todos los miedos son patológicos y que es necesario tener en cuenta la edad y el desarrollo de cada niño.
La sobrecarga del cuidador es el conjunto de consecuencias físicas, emocionales y sociales que aparecen cuando una persona dedica mucho tiempo y energía al cuidado de un familiar dependiente o trabajando en una institución.