La adolescencia trae consigo desafíos especiales debido a los cambios físicos, psicológicos y sociales que se producen en esta etapa de la vida. Aunque solemos asociarla con la rebeldía ya que no siempre hay ni rebeldía ni malestar. Una adolescencia conflictiva puede ser fruto de una infancia con vacíos de atención y afecto donde las necesidades emocionales no se han cubierto. Además influyen otros factores: las amistades y el tipo de personalidad del joven.

Los cambios que se producen durante la adolescencia pueden conllevar problemas de ansiedad, depresión (en forma de agresividad), socialización (timidez, conflictos con los padres para afianzar su personalidad e individualidad…), de control (problemas de alimentación, limpieza), de nuevas experiencias (sexo, drogas), de estudio… En cuanto a los padres sería necesario adaptar los modelos educativos al no autoritarismo, mejora de las habilidades para el diálogo y la escucha activa.

Durante esta etapa se producen cambios en la vida familiar que pasan por la ambivalencia entre dependencia y autonomía en hijos/padres. La crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, la joven reclama autonomía en todas sus decisiones y da mayor importancia al grupo de iguales que a la familia.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (23 octubre 2019). Audio cortesía de Jorge Martínez.

El grupo de iguales

La presión de grupo es la influencia que sobre un adolescente ejercen los otros adolescentes de su círculo de amigos para que este actúe de acuerdo con la mayoría. Busca la uniformidad de todo el grupo, pudiendo ser la influencia positiva o negativa. La necesidad de ser aceptada y pertenecer a un grupo de iguales que lo refuerce en la búsqueda de su identidad es un factor crítico en el desarrollo adolescente. Cuando la presión es positiva favorece la mejora en distintas facetas de su vida (rendimiento académico, relaciones sociales…), en cambio si la presión es negativa favorece conductas de alto riesgo que pueden causar importantes daños en su salud.

La baja autoestima, que hace más fácil que el adolescente se deje influir por otros, la falta de habilidades sociales a la hora de expresar sus opiniones, la falta de comunicación con los padres, o que esta sea inadecuada y una disciplina familiar incoherente hacen al adolescente más vulnerable a la presión de grupo. Algunas veces, su tendencia al riesgo le lleva a experimentar y dejarse influir sin sopesar las consecuencias de sus actos.

Se puede superar la presión de grupo que lleve a tener problemas desarrollando la comunicación (saber comunicarse adecuadamente a nivel familiar, grupal y con personas de otras áreas sociales). Fomentando la asertividad (expresar lo que siente, piensa y desea de manera clara, directa y oportuna). Fortaleciendo la autoestima, reconociendo sus logros. Teniendo conciencia de sí misma, sus capacidades y limitaciones. Y en cuanto a los padres de adolescentes mejor no prohibir andar con “malas compañías” sino fomentar la responsabilidad y el sentido crítico.

Referencias:

  • Asch, S. (1974). Fuerzas de grupo en la modificación y distorsión de juicios. En J.R. Torregrosa y E. Crespo. (Comps.), Estudios básicos de la psicología social. (pp. 351-364). Barcelona. Hora.
  • Mannoni, O., Deluz, A., Gibello, B. y Hébrard, J. (1984). La crisis de la adolescencia. Barcelona. Gedisa.