Autor: David Cueto

Pobreza y salud mental

Múltiples estudios demuestran que las crisis financieras, las malas cosechas o la pérdida de empleo empeoran de forma directa la salud mental. Por el contrario, los programas de ayuda económica y las transferencias de efectivo logran reducir los niveles de ansiedad y depresión.

Este impacto es intergeneracional: la enfermedad mental de los padres afecta el desarrollo cognitivo y el rendimiento educativo de los hijos, perpetuando el problema a lo largo de las generaciones.

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Salud mental y vida sexual

La ansiedad y la depresión suelen reducir el deseo sexual (libido). Como consecuencia de los síntomas que genera la depresión, como la apatía, fatiga, anhedonia (dificultad para sentir placer) y la baja motivación hacen que el interés por la actividad sexual disminuya.

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