Una de las interacciones humanas de las que creo que más se habla de pedir perdón. Es algo que desde que somos pequeños se nos quiere transmitir, ya sea desde a través de productos culturales que se nos da a consumir (películas, libros) o también desde un enfoque de dogma religioso. Es un tema además que es el centro de gran cantidad de conversaciones (“Fulanito no me ha perdonado a pesar de haberme casi arrastrado”, “¿por qué tengo que perdonar a Menganita si me cae mal?”). Asimismo es una cuestión muy particular ya que considero que los matices en su definición dependiendo a quien preguntemos pueden ser realmente grandes, con opiniones propias realmente influenciadas por nuestra educación, sistema de creencias, personalidad, estado vital, etc. Y esta desde luego puede ser cambiante e incluso ambivalente o contradictoria. De ahí que también sea un tema realmente interesante estudiar desde la ciencia psicológica.

Más de Uno León con Javier Chamorro y David Cueto (21 febrero 2024). Audio cortesía de Jorge Martínez.

La ciencia y el perdón

¿Y qué dice dicha ciencia? La explicación con más peso para explicar la enorme importancia de la idea del perdón en nuestra vida viene principalmente de la naturaleza prosocial del ser humano. A pesar de que en las sociedades occidentales la filosofía vital del individualismo y del “yo contra el mundo” esté muy extendida, realmente el ser humano sobrevive y se perpetúa como especie a través de la cooperación mutua.

El intercambio de ideas, conceptos, materiales, alimentos, etc. es lo que ha hecho que pasemos de vivir medio atemorizados en cuevas a ser los principales depredadores y destructores de la grandísima mayoría del resto de animales del planeta. Y dentro de ese sistema de interdependencia mutua, si ocurre una transgresión de normas y una de las partes se siente agraviada, es realmente importante poder reparar esa relación para poder mantener nuestras opciones de supervivencia. Es decir, la principal baza del perdón es la búsqueda de la reconciliación, y por ende tener una pata más de ayuda en un mundo hostil e impredecible. Igualmente, está estudiado que a grandes rasgos la capacidad de perdonar está relacionada con la empatía, la afabilidad y tener capacidad de tomar perspectiva de nuestro día a día. Pero no se trata de perdonar sin más.

Tipos de perdón

En la gran mayoría de los estudios que se suelen hacer sobre el perdón, este se suele subdividir en dos tipos: retrospectivo y prospectivo. La idea es sencilla, básicamente es decir que existe un tipo de perdón a priori y otro a posteriori, existiendo importantes diferencias entre ellos. Eso sí, en ambos se busca el mismo denominador común: trasladar a la persona o personas que hemos ofendido (u ofenderemos) que estamos profundamente arrepentidos, y que el acto que hemos cometido es algo puntual y esporádico, no algo que sea constante o forme parte de nuestra personalidad.

También se suele insistir mucho en la idea en la intencionalidad, en remarcar que dicho acto es algo accidental e incluso que fallos en la comunicación o la comprensión están incluidos en el agravio. Que no es para tanto vaya. ¿Y cuál suele tener más éxito, pedir perdón antes o después? Parece que un aviso previo generaría mayor carga cognitiva a la persona a quien enviamos el mensaje, ya que al no haber ocurrido el agravio puede ser difícil conectar con él. También se puede pensar que ese aviso entra dentro de una estrategia de manipulación elaborada, y las personas se pueden poner más a la defensiva. Porque el perdón también puede ir dirigido hacia una persona concreta hasta algo más abstracto como es la reputación social por ejemplo.

Y las diferencias de cómo procesamos conceptos abstractos simbólicos a otros más tangible es grande, con lo que las estrategias tienden a ser diferentes. Hay además más matices a la hora de estudiar esta característica humana, por ejemplo en la idea (muy intuitiva) de que a mayor estima en la relación, mayor expectativa de ser perdonados. Suponemos por tanto de que si se nos conoce en profundidad será más fácil hacer entender que el acto reprensivo es algo así como una anomalía en el sistema, y que seremos absueltos de nuestros pecados. Pero aquí se nos puede dar la vuelta el argumento, ya que mayor conexión social también suele generar reacciones emocionales más virulentas, con lo que la estima o el cariño de esa relación se nos puede volver en nuestra contra.

Ejemplos

En la Biblia por ejemplo ya se avisa del peligro de la cercanía social con la historia de Caín y Abel. Por otra parte, también esta estudiada otra variable que predice el grado o la posibilidad de perdón es la capacidad de movilidad social. Básicamente, a mayor cambio de residencia o de grupo inmediato, mayor tendencia que exista perdón. Esto se explica a partir de una perspectiva eminentemente evolucionista, desarrollando la idea de que una mayor movilidad social nos hace más vulnerables de acabar alienados o rechazados por el grupo, con lo que pudiera existir mayor grado de indulgencia o intolerancia para así tener más probabilidades de sobrevivir, al no estar rodeados de personas con niveles muy altos de complicidad o parentesco.

Explotación

Un último concepto que considero interesante para estudiar el perdón, sería el miedo innato de todo ser humano de que se aprovechen de nosotros, ser explotados y manipulados para los fines de otros. Por ello está bastante bien estudiado que a la hora de perdonar solemos calibrar principalmente dos variables: el valor que tiene esa relación para nosotros y el miedo citado de ser quizás timados más adelante. De ahí las reticencias y las actitudes defensivas que suelen ser habituales en las personas a las que se les solicita el perdón. Es evidente que para nada todas las personas que piden perdón por algo están buscando algún fin oculto algo turbio, pero tampoco podemos negar que la zalamería y servidumbre propia de algunas interacciones pidiendo clemencia son de las estrategias de manipulación más comunes que podemos encontrar.

Habría que remarcar además el fuerte componente de culpa intrínseco en los humanos, especialmente en una cultura cristiana como la nuestra en la que el pecado original “Jesús murió para salvar nuestros pecados” es uno de las ideas fundacionales de nuestra sociedad. Y aunque no somos creyentes, son milenios de educación con esa manera de ver el mundo, y hay que tener en cuenta la sobredimensión que se le da a la culpa en ocasiones a la hora de pedir perdón.

Aceptación del perdón

¿Y de qué manera funciona mejor el pedir perdón? Como suele pasar en psicología, existen algunos datos contradictorios (especialmente estudiando la idea del perdón en los niños), e incluso situaciones bastante paradójicas, como se vio en un estudio en donde se comprobó que si hacemos una transgresión intencional (e interpretada como tal), pudiera haber menor probabilidad de ser perdonados si pedimos disculpas de forma abierta que si no (¿se nos acusa de hipócritas quizá?).

Si queremos que nuestro perdón sea aceptado, creo sinceramente que el acto de contrición tiene que ir acompañado por hechos más que palabras. Obviamente hay que comunicar el perdón, pero sin una intencionalidad de cambio activo (especialmente conductual) del agravio que hemos sido acusados, será difícil que seamos tomado en serio o que confíen en nosotros más adelante. Sería algo como “pido perdón por esto y me comprometo a cambiar estas conductas específicas de esta manera concreta”, sin chantajear o meter prisa. Entra dentro de nuestra naturaleza ser falibles y cometer errores sí, pero podemos entrenar la manera de enmendarlos de la forma más sincera posible.

Bibliografía

  • McCauley, T. G., Billingsley, J., & McCullough, M. E. (2022). An evolutionary psychology view of forgiveness: Individuals, groups, and culture. Current opinion in psychology, 44, 275-280.
  • Yucel, M., & Vaish, A. (2021). Eliciting forgiveness. Wiley Interdisciplinary Reviews: Cognitive Science, 12(6), e1572.