Las personas transexuales presentan un sentimiento constante y convicción persistente de no pertenecer al sexo biológico con el que nacen, con un deseo de identificación sexual con el otro sexo. La transexualidad ha sido conocida y reconocida en las diferentes culturas durante toda la historia de la humanidad. Figura ya en el Código de Hammurabi sumerio. Sin embargo las religiones monoteístas impusieron una visión dicotómica de la vida y cualquier manifestación que transgreda los sexos biológicos ha sido negada y perseguida. Actualmente, las personas transexuales son uno de los colectivos más excluidos socialmente, como ponen de manifiesto los informes elaborados por la Comisión Europea, siendo objeto de una grave discriminación en el ámbito laboral y educativo.

En los siglos XIX y XX, con la secularización del mundo occidental, se abre la puerta al estudio científico. En la actualidad se valora como desviación o trastorno mental (disforia de género). Existe una fuerte reivindicación para excluirlo como enfermedad mental, hecho que, evidentemente apoyamos, ya que el sexo humano es polimorfo y a nadie se le puede patologizar por ser diferente.

Con relación a los tipos de sexos

Por una parte está el sexo biológico, como desarrollo del aspecto físico (las gónadas, genitales, la forma del cuerpo, los caracteres sexuales secundarios). El sexo psicológico es la imagen que nos hacemos de nosotros mismos como hombres o como mujeres. Se construye a través del proceso de autosexuación y es primordial para la construcción de la identidad sexual de cualquier persona. Tendríamos también un sexo social (género) que determina cómo nos mostramos en nuestra vida diaria al resto de la sociedad dependiendo de si somos hombres o mujeres.

El conflicto comienza cuando una persona en su proceso de autosexuación se ha etiquetado, por ejemplo, como hombre y los demás lo etiquetan como mujer porque su apariencia física así lo indica. Genera problemas cuando no encajan los tipos de sexo. Suelen darse durante la infancia y en la adolescencia debido a los cambios hormonales y físicos que experimenta el cuerpo en la fase del crecimiento.

Afrontamiento

Cuando trabajamos con personas transexuales, observamos que desde la niñez ya tienen un fuerte convencimiento de pertenencia al sexo biológico distinto del que nacen, aunque la sociedad y la familia les digan que no les corresponde. El deseo de adecuar su aspecto físico y su imagen social al sexo con el que se identifican se puede hacer a través del proceso transexualizador que empieza con una atención psicológica para que la persona comprenda mejor lo que le está pasando y que puede ir acompañado con un cambio en la forma de vestir que se adecúe más a como se sienta.

El siguiente paso del proceso, podría llevarse con la intervención hormonal, si la persona lo desea, para cambiar sus caracteres secundarios (vello, voz, formas corporales…) seguido de un proceso quirúrgico, si lo creyera necesario, que llevaría varias intervenciones, incluyendo, en ocasiones, la zona genital. Todo el proceso suele estar supervisado por especialistas: psicólogos y médicos.

Entorno familiar y social

Para los padres es difícil enfrentarse a los deseos de sus hijos, pero deben pensar que para estos es aún más difícil. El apoyo familiar es muy importante, sobre todo durante la infancia y la adolescencia. Los padres deben informarse por profesionales preparados, aconsejar y acompañar a sus hijos en todo este proceso. Tan importante como el apoyo familiar es el de las amistades y compañeros.

En todas las comunidades autónomas existen asociaciones que se dedican expresamente a combatir la transfobia (rechazo a las personas transexuales) y que ayudan a aquella persona transexual a adaptarse mejor a su situación personal y social. Pensamos que una sociedad avanzada tendría que aceptar cualquier tendencia sexual que brinde un desarrollo armónico de la persona cuando es libremente elegida salvo que intente imponerla a los demás, a los menores o a las personas con discapacidad. Igual que somos rubios, morenos o castaños, también tenemos diferentes deseos, tendencias, aspectos, rasgos o formas de expresar nuestra sexualidad. Imponer la uniformidad en el sexo es, esencialmente, acientífico y disparatado. A nadie se le debe curar de una tendencia sexual.

Publicado en (provisionalmente deshabilitado): ileon.com (1 agosto 2014)