El deseo sexual es probablemente la variable de la que más se demanda ayuda sexológica, mientras que al mismo tiempo nos encontramos un constructo del que no existe del todo consenso metodológico a la hora de definirlo o de medirlo. En hombres, por ejemplo, el grado de erección se utiliza para cuantificar el grado de excitación ante una respuesta sexual, mientras que en mujeres las discrepancias entre el nivel de lubricación y su excitación percibida pudieran no coincidir. Y esto ocurre con la excitación, es decir, una variable que es posterior al deseo en el ciclo de respuesta sexual, y en donde podemos decir que el objeto de deseo ya es tangible, tocable. Teóricamente por tanto el deseo es lo que propulsa la excitación, siendo este deseo una emoción compleja, secundaria, una valoración sentimental de diferentes estímulos que vamos recibiendo y computando. Sin este no puede haber nada posterior, es lo que genera expectativa y búsqueda, meternos incluso en líos o situaciones rocambolescas. En su estudio creo que habría que tener en cuenta las diferencias de abordarlo a partir de los roles de género.
Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (09 octubre 2024). Audio cortesía de Jorge Martínez.
Expectativas según el género
Sin ir más lejos, que a las mujeres se les haya hecho vivir su deseo sexual a partir de la vergüenza y el pecado marca profundamente la vivencia de la sexualidad de las mismas. No es para nada inusual escuchar en consulta cosas como “aprendí a reprimir mi deseo para ser una mujer buena” o “no tengo idea de lo que deseo ya que se me enseñó como algo malo y sucio”, especialmente en generaciones anteriores, criadas bajo un régimen político cuyo papel para las mujeres consistía en ser simplemente madres y amas de casa. Por ello, es fundamental estudiar la sociedad más que al individuo cuando queremos entender constructos como el deseo, porque las expectativas y normas sociales marcan profundamente la relación con el placer, o con el tabú. En el hombre se daría la paradoja contraria, la masculinidad hegemónica considera que el valor del hombre se basa en su rol de proveedor siempre preparado, una máquina sexual que en cuanto se le pida tiene que reaccionar y satisfacer. Por ello, un hombre sin deseo no es un hombre viril, está “afeminado”, debería sentir vergüenza de no tener una erección inmediata para satisfacer a la hembra que lo solicita.
El deseo está engranado en el yo masculino podemos decir que en la otra parte del espectro de lo considerado femenino en los roles hegemónicos de género, donde una parte es totalmente activa y la otra pasiva, porque bueno, así se nos ha creado. Y este tipo de mentalidad reaccionaria no solamente viene de la religión, que ya casi ha pasado a un segundo plano ideológico en la mayoría de las sociedades occidentales, sino en ideas basadas en la “ciencia” pero que solamente esconden un trasfondo misógino.
De ahí la importancia de educar en la aceptación de nuestros impulsos, no validarlos en sí sino entender que desde la pubertad probablemente tengamos sensaciones y expectativas que hay que moldear a través de la educación y el consentimiento, no desde la vergüenza o la culpa. Y evidentemente, al hilo de cómo está cableado el sistema de recompensa cerebral, tenderá hacia la novedad o lo impredecible. Pero a mi parecer, esto es una expectativa también basada en relaciones de género algo anticuadas, en la idea de que el sexo solamente será placentero en las primeras fases de la relación, de manera juvenil, para luego ir apagándose con la rutina de la convivencia y de la vida diaria. Y sí, hay gran cantidad de estudios que muestran una correlación directa en los años de vida en pareja con una bajada del deseo, lo mismo por la aparición de hijos, y evidentemente también está asociada la baja del deseo debido a la mayor probabilidad de tener enfermedades según se van cumpliendo años. Pero de ahí a aceptar como mantra que una pareja que lleva 30 años junta con dos hijos criados tendrá totalmente extinguido su deseo sexual va un trecho. Por ejemplo, a principios de los 2000 apareció una serie sobre una familia norteamericana disfuncional, llamada Malcolm, que tenía una particularidad. La mujer y el hombre, con cuatro hijos, mantenía un deseo sexual intenso entre ambos, siendo en ocasiones el motor que mantenía la relación. Y me parece un enfoque muy interesante porque la tendencia de las comedias televisivas es hacer girar tramas a partir de un casi desprecio mutuo en una pareja de mediana edad, donde existen para recordar lo poco que se sienten atraídos por el otro. Y esto es eso, un mito que se ha mantenido y al que se le pueden dar muchas vueltas.
Deseo y patología mentales
Otro área de estudio muy exhaustiva en la idea del deseo sería su relación el diagnóstico de enfermedad mental, en donde el consenso iría hacia a que un diagnóstico clínico tenderá a disminuirlo. En general, una persona diagnosticada de ansiedad o depresión tenderá a mostrar un menor deseo, debido o a la sensación de tensión y peligro constante que se da en la ansiedad o a la anhedonia (falta de placer) que se da en la depresión clínica. Pero aunque el sentido común nos haga pensar esto, existen estudios clínicos que muestran lo en ocasiones tendencias contrarias, habiendo un aumento del deseo sexual en casos de diagnósticos de ansiedad o depresión.
Una de las hipótesis de por qué ocurre esto serían que los esfuerzos que hace una persona para salir de ese estado le puede llevar a encontrar nuevas maneras de generar intimidad con otras personas, o también que quizás cualquier sensación de placer (en un estado donde este suele estar muy disminuido) puede estar sobreinterpretado como algo más reseñable de lo que es, pero que al fin y al cabo nos espolea para salir de un estado de aislamiento social propio de la depresión por ejemplo. Por eso no hay que dar valores monolíticos e inflexibles al deseo, es un constructo variable, moldeable, del que dependen tantos factores que es difícil condesarlo en un solo test.
Es una experiencia individual, única, insistiendo desde luego en la idea del consentimiento mutuo pero sin darle el atributo de la culpa por defecto, como se ha llevado haciendo siglos y siglos. Y por último, hay algún estudio que muestra que en una relación de pareja las mujeres muestran menor deseo si consideran que el hombre no hace las tareas del hogar de manera equitativa. Que tienen que hacer de madre de un adolescente, vamos. Para que luego nos fiemos de los roles de género impuestos y de cómo hacen una familia “feliz”.
Bibliografía
- Bittoni, C., & Kiesner, J. (2022). Sexual desire in women: paradoxical and nonlinear associations with anxiety and depressed mood. Archives of Sexual Behavior, 51(8), 3807-3822.
- Harris, E. A., Gormezano, A. M., & van Anders, S. M. (2022). Gender inequities in household labor predict lower sexual desire in women partnered with men. Archives of Sexual Behavior, 51(8), 3847- 3870.