Son conductas, casi imperceptibles, de dominación masculina que se producen en la vida cotidiana. Son propias del machismo y le sirven al hombre para mantener el dominio y una posición privilegiada sobre la mujer, reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se rebela y resistirse al aumento del poder de una mujer con la que está vinculado. Las mujeres sometidas durante años a una relación de este tipo suelen acabar padeciendo problemas emocionales.

León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (5 junio 2019). Audio cortesía de Jorge Martínez.

La cultura machista que mantiene la superioridad del hombre sobre la mujer como ser inferior promueve este comportamiento; se desarrolla en la sociedad que permite y fomenta dichas ideas culturalmente aceptadas y legitimadas, que otorgan el poder al hombre para infravalorar a la mujer. Desafortunadamente queda un largo camino por recorrer para lograr superarlas.

Para tener más poder con relación a la mujer, el hombre utiliza una serie de estrategias que pasan desde cosificar a la mujer para que se sienta un objeto, privarla de privilegios para aislarla, distorsionar la realidad para generarle dudas, hasta los paternalismos para aniñarla. La explotación e inseguridad emocional son otras formas de control sobre la mujer: generar sentimientos de culpa, inseguridad con mensajes contradictorios, posesividad por celotipia, provocar indefensión, el uso de estrategias denigrantes que erosionan la autoestima,…

Para prevenir estas conductas de abuso hacia la mujer es fundamental concienciar a las madres y esposas de la importante función de no verse sometidas a estas conductas de machismo oculto. Programas de prevención en escolares donde se valoran conocimientos del tipo de violencia (física, psicológica y sexual), enseñar habilidades (comunicación, impulsos) y de valores de respeto e igualdad del otro ayudan a desterrar de la sociedad esta forma de violencia hacia la mujer.

Bibliografía:

  • Arias, M. (1990). Cinco formas de violencia contra la mujer. Bogotá: Colombia nueva.
  • Bonino, L. (1995). Desvelando los micromachismos en la vida conyugal. En J. Corsi (Eds.), Violencia masculina en la pareja. Una aproximación al diagnóstico y a los modelos de intervención (pp. 191-208). Buenos Aires: Paidós.
  • Bonino, L. (1996). La violencia invisible en la pareja. 1as Jornadas sobre la violencia de género en la sociedad actual (pp. 25-45). Valencia: Generalitat Valenciana.
  • Bonino, L. (2005). Las microviolencias y sus efectos: claves para su detección. En C. Ruiz-Jarabo y P. Blanco (Coords.), La violencia contra las mujeres: prevención y detección (pp. 83-102). Madrid: Díaz de Santos.
  • Bosch, E. y Ferrer, V.A. (2002). La voz de las invisibles. Las víctimas de un mal amor que mata. Madrid: Cátedra.
  • Cueto, D. Micromachismos.

De mayor quiero ser mujer florero,

metidita en casita yo te espero.

Las zapatillas de cuadros preparadas,

todo limpio y muy bien hecha la cama.

De mayor quiero hacerte la comida

mientras corren los niños por la casa

y aunque poco nos vemos

yo aquí siempre te espero.

Porque yo sin ti, es que no, es que no soy nada.

Quiero ser tu florero con mi cintura ancha,

muy contenta cuando me das el beso de la semana.

Es mi sueño todo limpio, es mi sueño estar en bata

y contar a las vecinas las desgracias que me pasan.

De mayor quiero ser mujer florero,

serán órdenes siempre tus deseos.

Porque tú sabes más de todo, quiero

regalarle a tu casa todo mi tiempo.

Y por la noche te haré la cenita

mientras ves el partido o alguna revista

y hablaré sin parar de mi día casero.

No me miras, no me escuchas, ¡ay, cuánto te quiero!

De mayor quiero ser mujer florero.

(Canción Mujer florero, Marilia Andrés Casares).