Las patologías sexuales no han sido valoradas, ni social ni médicamente, hasta hace algunos años porque no han sido consideradas un problema de salud prioritario. Existen múltiples criterios para definir lo que es un problema sexual: biológico, sociocultural, médico, estadístico, legal o puramente subjetivo. Psicológicamente se entiende que se presenta un problema sexual cuando:

  • La pareja o uno de los miembros de ella se siente infeliz o insatisfecho por alguna de las diversas conductas sexuales que el sujeto realiza en su propia intimidad o con la pareja.
  • La conducta sexual produce sufrimiento, dolor o molestia a sí mismo o a la pareja sin desearlo.
  • Se impone la conducta sexual a sujetos que no pueden dar su consentimiento para su realización, como son los menores o los discapacitados.

Aunque exista una causa inicial orgánica el hecho de tener un problema sexual suele desajustar emocional y psicológicamente a quien lo padece, provocando una pérdida de la autoestima y de la confianza que puede desembocar en problemas con la pareja.

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Onda Cero: Javier Chamorro con Miguel Ángel Cueto (15 abril 2015).

 

Las disfunciones sexuales

Las disfunciones sexuales son problemas que la persona padece en la consecución del placer en función de la fase en la que se produce o de si están asociadas al dolor. Pueden darse dificultades en los ciclos de deseo, excitación, orgasmo e insatisfacción.

La presencia de dificultades en cualquiera de estos campos no es suficiente para su inclusión como trastorno, para ello es imprescindible la persistencia de la dificultad y lo que es más importante que provoque malestar o distres personal, lo cual sin duda afecta a la calidad de vida del sujeto.

El DSM-5 clasifica las disfunciones sexuales en la mujer en trastorno orgásmico, de interés/excitación y dolor genito-pélvico/penetración. En el hombre en deseo sexual hipoactivo, eyaculación precoz, retardada y trastorno eréctil. En ambos como disfunción eréctil debida a sustancias o medicamentos Se valora, igualmente, si se presenta de por vida o adquirido, generalizado o situacional y por su gravedad (leve, moderada o grave).

¿Cuáles son las reacciones típicas cuando se presenta un problema sexual?

Es habitual la negación o minimización del problema (se me pasará cuando me relaje), la racionalización buscando argumentos para justificar que todo va bien (en cuanto lleguen las vacaciones estaré como antes) y la autoinculpación (“si pudiera hacer deporte como cuando era joven…”).

Se suele dar la culpabilización de su pareja o así mismo (la culpa es que nunca le viene bien, tarda tanto que me quedo frío). La pareja podría pensar que ya no me quiere, ya no le gusto, tendrá otro/a… disminuyendo su autoestima y sintiéndose rechazado/a.

Otra forma de enfrentarse a un problema sexual vendría dada por un conformismo en función de la edad o situación (ya he disfrutado bastante de la vida, con lo que tengo encima como para pensar en sexo), la autodesvalorización por miedo a sentirse rechazados (esta noche voy a volver a fallar) o la hostilidad cuando nos hace nuestra pareja preguntas que nos hacen sentirnos y reaccionar agresivamente (no saques ese tema.

La importancia del apoyo de la pareja a la hora de tratar una disfunción sexual

Ya Master y Johnson (1970) afirmaban que el 50% de las parejas heterosexuales presenta alguna disfunción sexual en algún momento de la relación. Pero lo importante no es padecer una disfunción sino el saber resolverla en compañía, de forma conjunta, sin responsabilizar al otro o culpabilizarnos a nosotros mismos por padecerla.

En primer lugar hay que descartar problemas orgánicos, que suelen abordarse médicamente, para pasar después a evaluar problemas de pareja que influyan en la relación, además del estilo de vida de la persona que lo sufre. La implicación de la pareja, la actitud que adopte, es crucial para el éxito del tratamiento. Si se implica contribuirá a una mejor toma medicamentosa, si es necesaria, mejorará la comunicación en la pareja y no se culpará del problema. En todo caso, y siempre que sea posible, es mejor que el terapeuta sexual dé información y consejo a ambos.

Generalmente los problemas sexuales tienen buen pronóstico siendo el apoyo de la pareja muy importante ya que garantiza que haya un buen resultado en la misma. La mejor terapia es médico-psicológica, existen excelentes técnicas sexológicas que ayudan a superar un problema sexual siendo importante, en ocasiones, el apoyo de un buen sexólogo con experiencia en terapia sexual. Sin olvidarnos del posible apoyo farmacológico que podría ayudar en este proceso.