En esta ocasión trataremos un tema que lamentablemente no parece que sea muy conocido. Se trata del gaslighting, término psicológico que se traduce literalmente como “luz de gas” y que da cabida a unas características de maltrato muy concretas. Este concepto es debido a la obra de teatro de Patrick Hamilton (1938) con este nombre y que, posteriormente, se llevó al cine en los años 1940 y 1944. La última dirigida por George Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman. Se cuenta una historia de manipulación y maltrato psicológico de un hombre hacia la mujer.

El término viene en concreto de las lámparas de gas de la época donde, evidentemente, la electricidad no estaba tan generalizada y muchas casas estaban iluminadas con este tipo de lámparas. Entre las muchas estrategias que el hombre utilizaba para alienar y hacer parecer como loca a su mujer estaría el hacerla creer que una lámpara que disminuía su intensidad sin que hubiera motivo aparente, siendo el hombre la que alteraba el sentido de la realidad de la mujer. En esto consiste principalmente el gaslighting, en jugar con las certezas que asumimos por lo que recibimos por nuestros sentidos y hacer que la persona pierda la confianza en su propio juicio al pensar que se equivoca constantemente y que no piensa de manera clara y lúcida.

Existen referencias del uso de este término en libros de psicología en los años 70 y 80, pero su uso empezó a ser conocido por un libro titulado El efecto lámpara de gas escrito en 2007 por la psicóloga Robin Stern, reeditado además una década más tarde donde el uso de este término ya tuvo la explosión definitiva. A nivel legal, por ejemplo, en Reino Unido esta estrategia de manipulación ya está tipificada dentro de su ley de violencia de género de 2015, y ya más de 300 personas han sido sentenciadas por este delito.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telemática (16 junio 2021). Audio cortesía de Javier Chamorro.

Características del Gaslighting

Algunos autores hacen un mapa situacional con las siguientes características:

  • De base, tendríamos prejuicios o creencias lamentablemente muy asentadas a lo largo de la historia en la que las mujeres son personas emocionales, inestables y en donde es necesario que haya siempre un hombre a su lado para controlarlas.
  • También entrarían en juego prejuicios de la mujer como sexualmente maligna, histérica y poco de fiar.
  • Luego estarían las tácticas utilizadas, que irían desde cambiar o manipular historias, cotillear conversaciones privadas de su móvil por ejemplo, mentirla sobre detalles, culparla de eventos que no han sucedido, controlarla financieramente o contar a su entorno que es una persona inestable y que no hay que fiarse de su criterio sobre las cosas.

Todo esto estaría envuelto en lo que se podría denominar “sentido de surrealismo”, es decir, manipular la realidad de tal manera que la otra persona viva en una especie de nebulosa en la que sería imposible saber que es real o no.

Los factores de vulnerabilidad

Los estudios indican que en situaciones de maltrato doméstico, un 75% de mujeres maltratadas encuestadas afirmaban que habrían sufrido esta estrategia de manipulación psicológica, y un 50% afirmaban que se les había llamado “locas”. Hablamos de mujeres porque, lamentablemente, es donde esta estrategia de manipulación está más estudiada, en las relaciones de poder desiguales que todavía existen entre algunos hombres y mujeres, sobre todo aquellas en mayor situación de vulnerabilidad como inmigrantes, explotadas sin una red social fuerte que la proteja.

Evidentemente, cualquier persona de cualquier sexo o estatus socioeconómico puede sufrir este tipo de maltrato, pero es mucho más probable que esta estrategia tenga éxito por lo comentado anteriormente, cuanta más desigualdad haya más previsible es que ocurra, y no tanto por nivel de inteligencia, por ejemplo.

Cómo actuar si lo sufrimos o lo sospechamos en una persona cercana

Lo primero sería empoderar a esa persona o a nosotros mismos, es decir, pedir ayuda a las autoridades o a otras personas que nos saquen de esa sensación constante de surrealismo que hemos comentado anteriormente, por esto es tan importante el apoyo social. Esta es una estrategia de alienación muy común en sectas por ejemplo, donde se aísla al individuo de su entorno cercano y se le intenta incrustar una creencia de “el mundo contra mí” que hace que estas agrupaciones sean vistas como una salida viable para el individuo ante un mundo inestable y peligroso.

Nuestro cerebro intenta siempre mantener una realidad coherente y sin contradicciones y cualquier estímulo que rompa estos esquemas suele ser ocultado o autojustificado de cualquier manera posible, lo que en psicología se denominaría disonancia cognitiva. También, habría que tener en cuenta un último factor: el nivel de intimidad entre el perpetrador y la víctima. Cuanto más cerca, más fácil manipular, así que evaluar cuidadosamente todos estos elementos antes de llevar a cabo nuestra estrategia.

Referencias:

  • Sweet, P. L. (2019). The sociology of gaslighting. American Sociological Review, 84(5), 851-875.