Existe evidencia sólida de que el humor influye positivamente en la salud mental (Martin y Colbs., 2003) donde muestran que en intervención psicológica con pacientes con depresión leve o estrés crónico, el uso de humor adaptativo (no sarcástico ni evitativo) facilita la alianza terapéutica y reduce la rumiación.

El humor afiliativo y el humor de auto-mejora se asocian con menores niveles de depresión y ansiedad, así como con mayor bienestar psicológico. En contraste, el humor agresivo o autodestructivo se relaciona con peor salud mental.

Según la teoría de la ampliación y construcción de las emociones positivas (Redrickson, 2001) se afirma que la alegría y el humor amplían el repertorio cognitivo y conductual, y a largo plazo, construyen recursos psicológicos como la resiliencia y la regulación emocional.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (11 febrero 2026). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Humor y las relaciones sociales

También existe evidencia clínica y empírica consistente sobre la influencia del humor y las relaciones pareja, familia o trabajo ya que es un regulador interpersonal, reduce la tensión emocional, evita la escalada del conflicto, la cohesión del grupo y facilita la comunicación.

Es un buen predictor para la estabilidad y satisfacción marital (Gottman y Silver, 2001). Las personas que utilizan humor positivo son percibidas como más agradables, accesibles y socialmente competentes (Cann y otros, 1997).

Tomarse las cosas con humor

El humor actúa como un lubricante social ya que facilita la conexión, reduce la hostilidad y refuerza el sentido de pertenencia.  Al igual que en la salud mental, su impacto depende del estilo de humor utilizado, el humor respetuoso y compartido fortalece las relaciones.

No obstante, el humor agresivo o descalificador tiende a deteriorar las relaciones (Rod Martin et al., 2003) distinguen cuatro estilos de humor. Dos son especialmente relevantes aquí:

  • Humor de auto-mejora/autoafirmativo: reírse de uno mismo sin autodesprecio. Mayor aceptación social, mejor regulación emocional y menores niveles de ansiedad y depresión.
  • Humor agresivo: ridiculizar, burlarse o reírse a costa de otros. Mayor hostilidad y conflictos interpersonales, menor empatía percibida y relaciones sociales más inestables.

Decir que es broma después de soltar una puya ofensiva

Es crueldad.  Desde un punto de vista clínico, el humor agresivo suele funcionar como mecanismo de defensa (proyección o desplazamiento) y como estrategia de regulación emocional poco adaptativa. Martin y Ford (2018) señalan que las personas que recurren habitualmente a la burla presentan mayores niveles de ira, impulsividad y dificultades en la gestión emocional.

Reírse de los demás no es adaptativo porque daña las relaciones, incrementa la hostilidad y refleja déficits en regulación emocional. psicológica y competencia social. En términos clínicos, el humor saludable une, el humor agresivo separa.

El humor como herramienta terapéutica

Estudios de Martin (2007) y Franzini (2001) indican que el uso adecuado del humor mejora la alianza terapéutica, aumenta la adherencia al tratamiento y facilita el insight y la flexibilidad cognitiva. Se suele usar para debilitar la fusión cognitiva y promover la aceptación:

  • Humor de acompañamiento: pequeñas observaciones ligeras que humanizan la relación terapéutica. Refuerza cercanía sin trivializar el problema.
  • Humor de reencuadre: señalar una incongruencia cognitiva de forma amable. Ejemplo: mostrar la lógica extrema de un pensamiento irracional llevándolo a una conclusión absurda, pero compartida.
  • Humor autorreferido del terapeuta: uso puntual de humor sobre uno mismo. Reduce asimetría de poder y modela autoaceptación.
  • Humor del paciente, amplificado: cuando el paciente introduce humor espontáneamente, el terapeuta lo valida y lo utiliza como recurso. Refuerza estrategias adaptativas ya presentes.

Por ejemplo, reformular de manera humorística una situación cotidiana estresante ayuda al paciente a tomar distancia cognitiva del problema, disminuyendo la carga emocional negativa y favoreciendo una interpretación más flexible de la realidad.

Referencias

  • Cann A, Calhoun LG y Banks JS (1997). On the role of humor appreciation in interpersonal attraction: It’s no joking matter. Humor: International Journal of Humor Research, 10(1), 77–89.
  • Fredrickson BL (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226. DOI: 10.1037/0003-066X.56.3.218.
  • Franzini LR (2001). Humor in psychotherapy: The proprietary theoretical alliance. Journal of Psychotherapy Integration, 11(2), 171–193. DOI: 10.1023/A:1016624419918.
  • Gottman JM y Silver N (2001). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Barcelona. Plaza & Janés.
  • Martin RA, Puhlik-Doris P, Larsen G, Gray J y Weir K (2003). Individual differences in uses
    of humor and their relation to psychological well-being: development of Humor Styles Questionnaire. J Res Pers. 37: 48-75.
  • Martin RA, Puhlik-Doris P, Larsen G, Gray J y Weir K (2003). Individual differences in uses of humor and their relation to psychological well-being: Development of the Humor Styles Questionnaire. Journal of Research in Personality, 37(1), 48–75.
    • Martin RA (2007). The Psychology of Humor: An Integrative Approach. Elsevier Academic Press.
    • Martin RA y Ford TE (2018). The Psychology of Humor: An Integrative Approach (2nd ed.). Academic Press.

Enlace del programa de audio en Onda Cero (desde el minuto 17 de 1 h. y 33 minutos).