Son muchos los mitos que se sustentan sobre los beneficios del consumo de alcohol: su consumo es beneficioso para la salud pero es mejor no consumirlo; facilita las relaciones sexuales cuando las dificulta o impide las mismas produciendo disfunción eréctil o anorgasmia; mejora el estado de ánimo cuando es un depresor del SNC, genera mayor fatiga, sueño y pérdida de coordinación y fuerza; si sólo se consume los fines de semana no produce daños cuando depende de la cantidad, intensidad del consumo y hábito; nos hace entrar en calor ya que dilata los vasos sanguíneos y se dirige a la superficie de la piel pero después enfría el cuerpo; es un alimento cuando lo que hace es aumentar la grasa del organismo; quien aguanta más es más fuerte cuando no existe relación entre virilidad y soportar un volumen mayor de alcohol ya que depende de la tolerancia de nuestro hígado y que hay algunas bebidas alcohólicas son mejores que otras cuando no hay diferencia nada más que en la graduación cuando es mejor no recomendar ninguna.
Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (8 octubre 2025). Audio cortesía de Jorge Martínez.
Efectos inmediatos tiene el alcohol en el organismo
El alchol es un depresor del sistema nervioso central. Al principio da una sensación de desinhibición o euforia, pero posteriromente afecta a la coordinación, el equilibrio, el juicio y la capacidad de reacción. Un consumo “moderado” puede ya alterar la conducción, aumentar el riesgo de accidentes y comprometer la seguridad personal y de otros
Efectos a largo plazo
Aumenta la probabilidad de sufrir enfermedades graves: cirrosis, pancreatitis, distintos tipos de cáncer, trastornos cardíacos y neurológicos sin ser grandes bebedores. Estudios muestran que incluso consumos regulares bajos están asociados con un mayor riesgo para la salud. El alcohol no es un simple “acompañante social”: es una de las drogas legales más dañinas.
Efectos del alcohol en la salud mental y vida social y familiar
Interfiere en el cerebro, aumentando la probabilidad de depresión, ansiedad, problemas de memoria y dificultades en la regulación emocional. Pensamos que nos ayuda a “relajarnos” o “olvidar”. Tras ese efecto momentáneo llega un efecto rebote: mayor tristeza, irritabilidad y dependencia emocional de la bebida.
El consumo excesivo está presente en gran parte de los conflictos de pareja, violencia familiar, rupturas, accidentes laborales y sociales. Normalizar la bebida transmite a los más jóvenes la idea de que “es necesario” para disfrutar o para encajar, reforzando un círculo de consumo cultural difícil de romper.
El alcohol no ahoga las penas, las anestesia temporalmente y, al despertar, las multiplica. Beber para olvidar el dolor emocional es como tapar un agujero con un papel mojado: a la larga, se agranda. Puede convertirse en una muleta falsa que impide desarrollar habilidades reales de afrontamiento, como la búsqueda de apoyo social, la expresión emocional o la terapia psicológica. Lo que empieza como un “trago para calmarse” puede convertirse en una dependencia que añade nuevos problemas a los ya existentes.
Alternativas al alcohol
Existen muchas alternativas saludables para afrontar dificultades sin recurrir a él. Hablar de lo que nos preocupa con alguien de confianza. Practicar deporte o actividad física para liberar tensiones. Aprender técnicas de respiración y relajación. Buscar apoyo profesional psicológico. Desarrollar aficiones y actividades que den satisfacción sin dañar la salud.
El verdadero alivio no viene de una botella, sino de la capacidad de enfrentar, comprender y transformar lo que sentimos.
Enlace del programa de audio en Onda Cero (desde el minuto 20 de 1 h. y 33 minutos).