Existen una serie de mitos sobre las relaciones de pareja que, por estar muy arraigados, pueden generar expectativas erróneas. Mencionaremos aquí sólo algunos de ellos señalando las alternativas para que nos sirvan de reflexión en nuestras relaciones afectivas:

  • Las parejas felices no discuten nunca. Todas las parejas suelen discutir por discrepancias en el proceso de relación. No es tanto que discutan sino cómo lo hagan (con respeto) y cómo finaliza la discusión sin enfado lo que marca la diferencia entre las parejas sanas y de las que tienen graves problemas.
  • Los conflictos suelen arruinar una pareja. No, si sabemos llegar a acuerdos, reparar o pedir perdón si nos hemos pasado. Saber negociar, transigir y llegar a acuerdos nos hace mantener una sana relación a pesar de la lógica divergencia de criterios que existe en las opiniones.
  • Tener un hijo mejora la relación. Un hijo o hija es un proyectil que explota en la línea de flotación de la pareja. Si se desea arreglar un problema de pareja, mejor no tener un hijo, si no modificar el sistema de valores y nociones de identidad. Sugerimos justamente lo contrario, mejorar la relación si se desea tener un hijo.

Cuando trabajamos en terapia de pareja nos vamos a encontrar con muchas resistencias culturales. En muchas ocasiones vamos a tener que deshacer muchos otros mitos, como por ejemplo:

  • Me llevo bien con mi pareja porque estoy enamorado… cuando desaparece el amor aparecen los problemas. Aunque queramos a nuestra pareja vamos a discrepar en la forma de observar las dificultades. Ya vimos que tener problemas es habitual en las relaciones de pareja y el enamoramiento nos da una patena que perturba en parte nuestra percepción. Lo habitual es la discrepancia y no significa que no amemos a nuestra pareja.
  • El amor es ciego ya que el enamorado no se da cuenta de los fallos o limitaciones de la persona amada. Una vez que pasa ese estado de estupidez transitoria, vemos con mayor claridad cómo es nuestra pareja. Quizá, lo ideal, sería re-enamorarse de la misma persona cada cierto tiempo.
  • El amor lo puede todo ya que ningún obstáculo es de envergadura suficiente para interponerse a un verdadero amor como si el amor lo explicara todo, viene y va y no sabemos muy bien cómo. El amor no lo puede todo. La forma de gestionar nuestros deseos y afectos con conductas no siempre se logra cuando uno de los dos no respeta al otro.
  • Si el otro no hace lo que a mí me gusta es porque no me quiere y si no me quiere probablemente es porque me he equivocado de persona. Nadie tiene que hacer lo que deseamos y que no lo haga no significa que no nos quiera o nos hayamos equivocado de persona. No salimos con una pareja para que sea nuestra esclava.
  • Con el tiempo se arreglará todo… ya que al final terminaremos queriéndonos. En ocasiones, aunque queramos a nuestra pareja quizá no nos quiera como nosotros queremos que nos quiera. En ocasiones, aceptar las diferencias con el otro nos ayuda a mejorar la relación.
  • Yo soy así y no tengo por qué cambiar. El cambio es un proceso habitual en todo ser humano. Cuando generamos conductas que hacen complicada la relación podríamos ayudar a la convivencia reflexionando si es posible modificarlas para superar las distancias afectivas.

El amor es conducta afectuosa que se mantiene en el tiempo. Importa mucho que haya mayores ingresos de conductas de respeto y afectuosas y menores débitos en nuestra cuenta bancaria emocional. Es un libre intercambio de conductas gratificantes, y si no funciona…. ¿por qué no pensar en buscar ayuda o apoyo terapéutico? Y si después de todo esto sigue sin funcionar la relación, ¿no sería posible la separación? Siempre es mejor un hogar roto que una relación de pareja infeliz.

Publicado en (provisionalmente deshabilitado): ileon.com (29 enero 2015)