La adolescencia trae consigo desafíos especiales, es por eso que muchos padres temen esta etapa en la vida de sus hijos. Se da una ambivalencia entre la dependencia y la autonomía tanto en el adolescente como en los padres, dependiendo la supervisión eficaz de cuánto permitan los adolescentes que sus padres sepan de su vida cotidiana. Depende tanto de la atmósfera que los padres hayan establecido como por la situación de vida de éstos (trabajo, estatus socioeconómico…). La amabilidad de los adolescentes y la extroversión de los padres predicen la calidez de la relación (Denissen y otros, 2009).

León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (6 junio 2018). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Hay un mito muy extendido sobre la adolescencia donde se la considera una etapa de rebeldía y malestar, pero no siempre es así. Una adolescencia conflictiva suele ser fruto de una infancia con deficiencias (vacíos de atención y afecto), donde las necesidades emocionales no se han cubierto. No obstante hay una serie de problemas que suelen darse entre los adolescentes: ansiedad, depresión (en forma de agresividad), problemas de socialización (timidez, conflictos con los padres para afianzar su personalidad e individualidad…), control (problemas de alimentación, limpieza), nuevas experiencias (sexo, drogas), estudio…, además de otros factores como pueden ser las malas amistades o el tipo de personalidad del joven. Corresponde a los padres adaptar sus modelos educativos evitando el autoritarismo y mejorando las habilidades para el diálogo y la escucha activa.

En cuanto a las preocupaciones habituales de los padres porque sus hijos empiecen a fallar en esta edad, se unen el cambio biológico con la dificultad creciente de las asignaturas en el estudio; la mayor importancia del grupo de iguales que de la familia por lo que es mejor que los padres no prohíban andar con “malas compañías” sino fomentar la responsabilidad y el sentido crítico; una mayor responsabilidad mal asumida porque en ocasiones en casa no se les da (los sobreprotegemos); la atención más centrada en la novedad (drogas, sexo) que en estímulos que se repiten como puede ser el estudio.

¿Cómo pueden los padres ayudar a pasar esta etapa?

Sabemos con certeza que la disciplina autoritaria no funciona, es normal que lleven la contraria dentro de unos límites. Aunque no quieran hablar, los padres tienen que hacerles saber que tienen su apoyo incondicional, de lo contrario corren el riesgo de convertirse en enemigos. Interesarse por sus motivaciones, no criticar sus gustos, fomentar actividades saludables (deporte, ocio…) y los modelos adecuados de comportamiento (aunque difícil con internet, Facebook, WhatsApp, TV) son algunas de las actitudes beneficiosas para el adolescente. No predicar sermones sino ser modelo y no amenazar con castigos que luego no se van a cumplir, que ellos asuman sus responsabilidades. La comunicación es un factor indispensable.