Podemos definir a la relación de pareja como una interacción, voluntariamente aceptada, entre dos personas para establecer vínculos afectivos, de intimidad y de compromiso mediante una convivencia en común. Se une en función de la relación positiva, cercanía, exclusividad, empatía, agrado mutuo, atractivo físico y deseos de compartir intereses y decisiones comunes.

La mayoría de las personas desean convivir en pareja y que esta funcione bien. Hemos observado que tanto las parejas que funcionan bien como las que presentan graves problemas en la relación tienen los mismos problemas. La diferencia entre ambas sólo sería la forma en que suelen resolver u obviar sus conflictos, manejan la comunicación entre ellos, la observación de sentimientos ajenos y expresión de los propios y por las formas de controlar los diferentes ambientes en los que interactúan. Las percepciones que cada uno tiene del otro condicionan igualmente su comportamiento.

Pero, ¿cómo se llega del amor al maltrato?

Son numerosas las teorías que han intentado explicar el proceso que va desde el enamoramiento al maltrato dentro de la pareja. La violencia de género es la violencia específica contra las mujeres, instrumentalizada para mantener la desigualdad, discriminación y relaciones de poder del hombre sobre la mujer. Incluye todos aquellos actos de daño o agresión física, sexual y psicológica, incluidas las amenazas, la coerción y la privación de libertad que ocurre en la vida pública y privada. Siendo el factor potencial de riesgo el género, el mero hecho de ser mujer.

Corazón roto

Walker en 1979 afirmaba que existe un ciclo de violencia donde se produce una lucha por el poder y el control en diversas parcelas de la relación. En este ciclo repetitivo de violencia, se irían reduciendo cada vez más los momentos de felicidad y luna de miel, y aumentando las situaciones de acumulación de tensión y explosiones violentas que se producirían al no tener la pareja habilidad para manejar la comunicación generándose, habitualmente, una agresión verbal o física. Dicha agresión daría lugar, si es el hombre quien la realiza, a respuestas de ansiedad y miedo, para controlar a la mujer y así reforzar su conducta agresiva. Posteriormente, llegaría el arrepentimiento que daría lugar a otra fase de calma hasta que, de nuevo, existieran discrepancias en la relación. Así visto, el contexto de violencia entre los dos actores seguiría un patrón circular que se repetiría.

Deschner (1984) también desarrolla otro modelo cíclico dentro de la pareja que derivaría en el maltrato. Dichas fases irían desde la codependencia hasta la fase de arrepentimiento. Así mismo, Pence y Paymar (1993) comentan el ciclo de poder control que supone el deterioro de la relación que da lugar al maltrato: Coerción y amenazas, intimidación, abuso emocional, aislamiento social, minimizar, negar y culpabilizar, uso de los hijos, de privilegios masculinos y abuso económico que haría que la convivencia fuera desequilibrada.

Últimamente, otros autores han analizado los problemas de interacción que se van desarrollando dentro de la pareja de forma progresiva e imprevisible que darían lugar al maltrato (Jacobson y Gottman, 1998).

Nuestra experiencia nos indica que enseñar estrategias educativas para hacer a las personas menos dependientes y controladoras, desarrollar en los centros escolares habilidades sociales para expresar nuestras frustraciones o para defendernos de ataques injustos o de personas indeseables, sería una buena forma de ayudar a evitar el maltrato en el futuro.

En algún momento de tu relación de pareja, ¿has ejercido o recibido maltrato? ¿Qué has hecho para evitarlo?