Estos días en los medios de comunicación hemos escuchado, por desgracia, una noticia más sobre el acoso escolar. A propósito del caso de Diego, el menor de 11 años que no soportó la violencia escolar que sufría a diario, quisiéramos mostrar nuestro apoyo y experiencias para conocer en qué consiste este tipo de violencia y cómo afrontarla.

Pero antes de abordar estos aspectos nos gustaría derribar mitos que acompañan a este tema: ¿Qué NO es el acoso escolar o bullying?:

  • No es “un juego de niños”.
  • No es “una pelea tonta que ya se pasará”.
  • No son “riñas que tienen que arreglar entre ellos”.

Tras los insultos, faltas de respeto o empujones está, en muchas ocasiones, el germen del acoso escolar.

¿Qué es el acoso escolar?

Es una forma de violencia que consiste en un reiterado maltrato verbal o físico que recibe un niño por parte de otro u otros con el objeto de intimidar, amenazar u obtener algo mediante el chantaje. Su detección es compleja, puesto que los agresores tienden a llevar este tipo de conductas asegurándose de no ser vistos por otras personas. Por esta razón la familia y los docentes suelen ser los últimos en enterarse.

Dada la importancia que toman hoy en día las nuevas tecnologías, el acoso escolar o ciberbullying toma un nuevo camino. El ciberacoso consiste en intimidar e insultar al individuo a través del uso de las tecnologías (redes sociales, mensajería instantánea, correo electrónico…), haciendo aún más complicada la detección de tales comportamientos. Por ello, algunos indicios que resaltamos, para sospechar de una posible situación de bullying serían señales de alarma como: cambios en el comportamiento del niño, irritabilidad, trastornos del sueño, reducción del apetito, dolores de estómago, aislamiento, rechazo a las excursiones y actividades con sus iguales y, por consiguiente, variaciones en el rendimiento escolar.

La intervención con los implicados

Desde CEPTECO trabajamos con lo menores acosados de cara a adquirir estrategias para defenderse, desarrollo de habilidades sociales o, incluso, con el objetivo de desarrollar un autoconcepto positivo. Sin embargo, para una adecuada intervención, también se debe trabajar con los agresores, puesto que suelen ser personas con baja autoestima, con una influencia sociofamiliar negativa y falta de empatía. Por ello, uno de los aspectos fundamentales en la intervención que llevamos a cabo, consiste en concienciar, en primer lugar, a las familias de que no es una situación que deban ocultar.

Los centros escolares deben estar informados de estas situaciones, ya que en los mismos se pueden coordinar actuaciones que tengan un efecto positivo en la intervención. Algunas de ellas consisten en mejorar la dinámica en las aulas, cambiar determinadas normas escolares, planificar actividades que favorezcan el trabajo colaborativo y poner en marcha programas para el desarrollo de competencias emocionales con un carácter proactivo, dado que son muchos los estudios que afirman que el desarrollo de las mismas, tienden a reducir este tipo de situaciones.

Tanto para la familia como para el centro escolar, a veces afrontar esta situación produce sentimientos de angustia o impotencia, por esta razón, es importante recurrir a especialistas y tratar de intervenir, en la medida de lo posible, desde todos los frentes que quedan abiertos: menor acosado, agresor, familia y escuela.