Aunque en principio la idea de formar una pareja está basada en una búsqueda de estabilidad, compromiso y afecto, desgraciadamente el maltrato sigue estando presente en nuestra sociedad. Normalmente, estas relaciones tóxicas no surgen de un día para otro, sino que suele ser un proceso progresivo donde se suele dar una tríada de celos, control sobre la pareja y falta de control de los impulsos del maltratador. La presencia de, por ejemplo adicciones a sustancias o problemas psicológicos, acrecientan aún más la problemática del maltrato.

Ciclo de la violencia

Diversos autores han estudiado con rigor y profundidad los procesos de interacción en las relaciones de pareja para desentrañar las causas y el desarrollo del maltrato y la violencia. Ya en 1979, Walker presentó lo que ella denominó el “ciclo del abuso”, siendo éste una acumulación de tensión, explosión violenta y luna de miel. Este ciclo tiende a repetirse multitud de veces, pero esa fase de “luna de miel” o reconciliación empieza a durar menos con el tiempo, estando la mujer cada vez más desprotegida y vulnerable ante la agresión. Deschner (1984) desarrolla otro modelo cíclico, cuyas fases irían de la codependencia hasta el arrepentimiento, Pence y Payman (1993) especifican el ciclo de poder-control que supone el deterioro en la relación que da lugar al maltrato: coerción, amenazas, intimidación, abuso emocional, aislamiento social, minimizar, negar, culpabilizar, uso de los hijos, de los privilegios masculinos y el abuso económico.

Maltratadores

Por último, Jacobson y Gottman (2001) hicieron una clasificación de un patrón bastante común y que se suele cumplir en la práctica clínica diaria y que consiste en dividir a los maltratadores en tipo pitbull o tipo cobra. Los primeros serían personas dependientes y celosas, con gran miedo al abandono y que usan la agresividad con las personas que aman, con grandes pérdidas de control en la intimidad. Los maltratadores tipo cobra tiene una motivación más hedonista, con una agresividad más generalizada y con menor pérdida de control, usando a la mujer más como un objeto de gratificación que como núcleo de su dependencia.

En un estudio en el que colaboramos (2009) observamos un patrón compulsivo-dependiente de personalidad tanto en el maltratador como en la mujer maltratada.

Conclusión

Estas y otras muchas investigaciones intentan comprender mejor el delicado y alarmante proceso de maltrato en la pareja, donde queda aún mucho por trabajar en comprender sus causas, evolución… para conseguir eliminar obstáculos para erradicar el uso de la violencia física y psicológica en las relaciones de pareja.

Como sucede en la fábula de la rana donde si esta es lanzada al agua hirviendo, salta; pero si se la cuece lentamente termina por hacer un buen guiso, así ocurre con las parejas. A veces se comienza por permitir pequeños desaires que son aceptados “porque nos ama”, van in crescendo con críticas sobre nuestra personalidad que, para qué discutirlas ya que sabemos que no son ciertas y, a veces, se termina por generar conductas agresivas que son muy complicadas de parar cuando la rueda va acelerándose. Las parejas que se respetan todos los días, que se afanan por entender que el otro es digno de aprecio y de honra, que se esmeran en no descuidar sus modales y sus conductas, suelen conseguir una mejor convivencia, un mayor placer en sus relaciones y una mayor felicidad en sus vidas.

Colaboración: David Cueto Marcos (Psicólogo de CEPTECO).

Leer articulo completo (provisionalmente deshabilitado): ileon.com (25 febrero 2016)