La pandemia nos está dejando numerosos testimonios de familiares, amigos, compañeros de trabajo… en relación a cómo les ha afectado la implementación del teletrabajo en sus empresas. Evidentemente hay sectores donde esto es imposible, pero a nivel global sí se ha visto un aumento del teletrabajo. Psicológicamente, ¿esto es positivo o negativo para nuestra salud mental? Como suele pasar con casi todos los aspectos de la salud mental, la variabilidad individual es inmensa, y a pesar de realizar agrupaciones por características comunes, no tiene nada que ver, por ejemplo, alguien que acaba de incorporarse en una empresa con otra persona que lleva 20 años en ella, vivir en una gran ciudad o en otro lugar más pequeño…

Varios artículos indican cómo personas más jóvenes, que se acaban de incorporar al mercado laboral, tienen bastantes problemas para adaptarse a una política de 100% teletrabajo. Necesitan de más vínculos y refuerzos sociales para poder sentirse implicados y satisfechos con su rendimiento al estar más inseguros de sus habilidades. Aquellas personas con niños pequeños en casa les es imposible estar concentrado en una tarea difícil con un niño/a alrededor, aunque sea de corta edad, teniendo en muchas ocasiones que hacer de profesores si los hijos están de manera telemática en la escuela como en el anterior confinamiento estricto.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telemática (21 abril 2021). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Ahora que llevamos más de un año en esta desagradable situación nos preguntamos si en las empresas o los lugares en donde se implementa este régimen de teletrabajo tienen en cuenta todos estos factores. En principio debería haber protocolos bien estructurados para adaptarse de manera flexible a las necesidades específicas de cada persona, pero recogiendo testimonios, noticias o repasando artículos científicos no parece que esto se esté llevando a cabo. Muchas multinacionales que habían afirmado que harían una política de teletrabajo totalmente flexible en los años venideros parece que se están echando atrás poco a poco, a pesar de que ciertas estadísticas demuestran que puede ser incluso más productivo para las empresas. Aún así, sí que parece haber un cambio de paradigma hacia un tipo de trabajo más deslocalizado, las funciones online cada vez son más numerosas y harán que lo presencial no sea tan necesario.

Estrategias para sobrellevar el teletrabajo

Muchos trabajadores se quejan de que la división trabajo-hogar genera ansiedad y que podría resultar todavía más difícil desconectar del agobio producido por el trabajo, por ello trataremos de mostrar una serie de estrategias que pueden resultar de ayuda. Primeramente recordar que muchísimas personas, en este país en concreto y en el mundo en general, viven en lugares no muy acogedores, con mucha gente o poco acondicionados para poder abstraerse en la tarea. En el primer confinamiento total vimos a personas ricas y famosas enseñando su casa y jardín y lo cómodo que era “desconectar” enseñando sus mansiones y jardines inmensos. Pero, no pasa nada por sentirnos agobiados o nerviosos si nos toca estar encerrados en un sitio no demasiado cómodo y pequeño. Ahora, lo primero sería intentar despejar en la medida de lo posible, salir al campo, socializar y, por mucha pereza que nos dé, intentar cambiar la rutina. Nuestro cerebro lleva bastante mal que todo sea una especie de monotonía sin principio ni fin, y esto puede llevarnos a un bucle de falta de sueño, ansiedad, comer mal… que habría que romper con esta pauta básica.

La gestión del tiempo y autorregulación emocional

En la literatura científica, además de la importancia de tener rutinas con horarios estructurados, habría otros dos factores que entrarían dentro de la gestión del tiempo: proteger el espacio para evitar interrupciones y distracciones y ser flexibles y adaptar nuestro horario en el sentido de ir revisando de manera continuada nuestro rendimiento. De esta manera, dividir los manidos conceptos de “gestión del tiempo”, “productividad” en estos tres niveles puede ayudarnos a hacer más tangible esta tarea y no, como suele pasar muchas veces, pasar una tarde entera mirando blogs o vídeos de cómo ser más productivos, evitando así la tarea que tenemos que hacer.

También se podría recalcar la importancia de la autorregulación emocional en el trabajo físico o intelectual. El paradigma hace no mucho de la famosa “procrastinación” era que aplazábamos tareas por falta de capacidad de organización, atención, funciones ejecutivas deficientes… Pero cada vez se tiene más claro que la manera que tenemos de procesar nuestras emociones es clave para enfrentarnos a nuestros quehaceres de manera exitosa. Por ejemplo, ligándolo con la pauta anterior, tendríamos que evaluar qué tipo de tareas, sea cual sea, tendemos a postergar con más asiduidad. La teoría dice que aplazamos por dos causas principales: porque no nos sentimos competentes o con el conocimiento necesario para realizarla, o que al contrario, sí que es algo que dominamos o que nos apasiona pero que el miedo al fracaso es demasiado fuerte. En ambos casos las emociones negativas o pensamientos intrusivos nos hacen sentir mal, con lo que buscamos otro tipo de actividades más satisfactorias a corto plazo para evitar esa sensación de malestar (comer, mirar redes sociales, el móvil…). Por ello es importante analizar cuál es la causa de la evitación permanente y realizar estrategias efectivas para afrontarlas.

Y dicha autorregulación emocional suele ser un factor predictor de éxito laboral o profesional más importante aún que la simple capacidad cognitiva o inteligencia, con lo que la obligación del teletrabajo en casa puede ser ideal para entrenarla.

Referencias:

  • Aeon, B., Faber, A., y Panaccio, A. (2021). Does time management work? A meta-analysis. Plosone,16(1), e0245066.
  • Van Eerde, W. (2000). Procrastination: Self‐regulation in initiating aversive goals. AppliedPsychology,49(3), 372-389.