El paso del tiempo

La edad subjetiva es un constructo bien estudiado en psicología. A partir de la adultez media, la mayoría de las personas se sienten entre un 10 y un 20 % más jóvenes que su edad cronológica y la brecha tiende a ampliarse con los años.

Se interpreta como un mecanismo de autoprotección frente a los estereotipos negativos sobre el envejecimiento. Es un fenómeno frecuente y, dentro de ciertos límites, adaptativo.

Sentirse más joven y la salud

Distintos estudios longitudinales asocian una edad subjetiva menor con mejor salud percibida, menor riesgo de depresión y menor mortalidad.

No obstante, todos los datos son correlacionales. La causalidad probablemente es bidireccional: sentirse joven puede favorecer conductas saludables, pero estar sano también hace que uno se sienta más joven.

‘Más de Uno’ en Onda Cero León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (7 octubre 2026). Audio cortesía de Jorge Martínez.

El tiempo es más rápido a medida que cumplimos años

El efecto aparece sobre todo al juzgar periodos largos, como los últimos diez años y y mucho menos con intervalos cortos como una semana. Las explicaciones propuestas son varias:

  • Densidad de recuerdos: la novedad de la juventud deja más huella en la memoria que la rutina adulta.
  • Teoría proporcional: un año es una fracción menor de la vida vivida (explicación intuitiva, pero con respaldo empírico limitado).
  • Menor atención al paso del tiempo cuando la vida es más rutinaria.
  • Es una percepción retrospectiva y la ciencia aún discute sus causas.

Ralentizar el tiempo percibido

Con cautela, la literatura sugiere que introducir novedad, atención plena y experiencias diversas enriquece la memoria autobiográfica, lo que hace que ese periodo se recuerde como más largo. La hipótesis de la densidad de recuerdos apunta a esto, aunque faltan ensayos que prueben un efecto directo. Como no se puede alargar el tiempo cronológico, pero sí enriquecer cómo se vive y se recuerda.

La teoría de la selectividad socioemocional sostiene que, cuando el horizonte temporal percibido se acorta, las personas priorizan metas emocionalmente significativas, como las relaciones cercanas, sobre la acumulación de información o los logros. Esto se asocia con mayor regulación emocional y, en muchos estudios, con un bienestar emocional estable o incluso mayor en la vejez (la llamada paradoja del envejecimiento). El horizonte temporal importa más que la edad en sí. Una persona joven con una enfermedad grave puede mostrar prioridades similares.