Dejamos atrás otro año y, como en casi todos, acostumbramos reflexionar sobre este tiempo pasado. Hay que mirar al presente y sobre todo al futuro, pero de vez en cuando todos hacemos una revisión de nuestro estilo de vida, de lo que queremos, lo que hemos hecho y lo que desearíamos hacer y a partir de ese análisis personal de la situación en la que nos encontramos con relación a nuestra familia, amigos, pareja, si tenemos trabajo o no, nuestro proyecto de futuro, hijos… Valoramos, sobre todo a primeros de año, de una manera positiva o negativa lo que ha tenido el año que acabó y tendemos a pensar que lo próximo será mejor. Tenemos esperanza en ello, tenemos capacidad en pensar que el futuro va a ser mejor que lo que tenemos ahora.

El nuevo año

Muchas personas, llenas de buena voluntad, se plantean una serie de propósitos para el año que comienza, pero muy pocos de estos acaban cumpliéndose. Para conseguirlo una buena estrategia sería primeramente plantearnos que tipo de propósitos queremos, la mayoría suelen tener relación con la salud (perder peso, comer sano, mantenernos en buena forma física… rebajar el nivel de estrés, dejar los hábitos tóxicos: fumar, drogas, beber…), con factores económicos (saldar las deudas, ahorrar, encontrar o cambiar a un trabajo más acorde con nuestra capacidad), con el amor (pasar más tiempo con la familia, tener otros objetivos con la pareja o mejorarla…) o aprender algo nuevo (idioma, bailar…).

Si lo deseamos tenemos que hacernos una preguntas clave: qué, con quién, cuándo, cómo y dónde. Y eso es lo que hace difícil que cuando nos proponemos una situación de cambio o de mejora en la relación o de modificación de algún comportamiento nos sea muy complicado llevarlo a cabo.

Logo Onda Cero

Audio: Onda Cero. 7 enero 2015.

Objetivos y metas realistas

Tener las expectativas demasiado altas puede generar frustración. Conviene ser realista con los objetivos que nos proponemos y sobre todo con cómo llevarlos a cabo, que es lo más difícil de valorar. Para ayudarnos a conseguirlo:

  • Siempre que sea posible intentar implicar a otros: para hacer deporte, teatro, etc. lo mejor es contar con apoyo social.
  • Hablar con otras personas o intentar comunicar lo que se quiere para que esa presión social también sea positiva.
  • Intentar establecer rutinas en el desarrollo de la actividad que nos hemos planteado y mantenerlas en el tiempo. Horario preestablecido: qué, con quién, cuándo, cómo y dónde. Tener paciencia es la clave para conseguir el éxito deseado.
  • Y, por último no luchar contra los elementos, es decir, no ponernos metas imposibles para nosotros.