Se denomina síndrome del nido vacío a la sensación de tristeza, anhelo y pérdida que tienen los padres cuando sus hijos se independizan del hogar familiar.

Algunos padres y madres no presentan problemas porque han previsto dicha contingencia pero no sucede lo mismo en otros que han tenido como mayor función en la vida la de cuidar a sus hijos, les han puesto en el centro de su vida afectiva. Estos últimos se encuentran en una crisis vital donde el síntoma principal suele ser el duelo donde se conjugan las sensaciones de tristeza, enfado, negación, inutilidad, incredulidad y se necesita un tiempo para poder superarlo.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telefónica (21 septiembre 2022). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Causas

Muchos padres se han sentido realizados en darles una buena educación, medios para disfrutar de su entorno y ayudarles a superar las dificultades de la vida. Con la marcha de su hijo/a se encuentran en una crisis vital donde viendo que sus objetivos de educar casi los han cumplido, ahora no saben qué hacer. Si añadimos procesos de jubilación, al tener cada vez más tarde descendencia, se complica la situación emocional. Todos somos reacios al cambio, de hecho, en familias homoparentales esa sensación de vacío podría ser mayor.

Cuando el último hijo se va de casa, si la relación ha sido gratificante se presenta el duelo emocional con los síntomas que comentamos y un cierto miedo por cómo se va a enfrentar su hijo/a fuera del colchón de la familia. Si la relación ha sido conflictiva puede mostrarse un cierto alivio para encontrar la paz tan ansiada. No obstante, al ser un proceso adaptativo, genera dificultades emocionales. Igualmente, habría que añadir la valoración que se tiene sobre la relación de pareja ya que algunas parejas se separan debido a que tenían una mala relación y otras buscan rehacerla sin estar al cuidado de la prole.

Estrategias de afrontamiento

Para un abordaje satisfactorio de este proceso necesitaremos asumir que podemos sentir emociones como las ya comentadas junto a una pérdida de sentido de la vida… Aceptar las emociones y saber gestionarlas ayuda a evitar entrar en un proceso más grave, como pueden ser la depresión, la ansiedad, los problemas de sueño, de ingesta de comida…

Podríamos empezar a rehacer la vida sin los hijos en casa priorizando los afectos y compromisos, intentando prevenir el nido vacío antes, incluso, de que el/la hijo/a se vaya de casa.

Renovando la vida en pareja, si la tenemos, logrando una mejor armonía y bienestar; buscando apoyos sociales y afectos si se fueron distanciando durante la educación de sus hijos: amigas o amigos de la infancia, colegas de trabajo… También ayudaría el retomar gustos y aficiones pospuestas, cultivar nuevos intereses viviendo en el presente sin tener que recuperar lo que uno hacía antes y asumiendo la independencia de los hijos teniendo una relación de adultos disfrutando de dicho cambio con ellos sin usar el chantaje emocional.