Lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos (W. James).

Consideramos a las emociones como valoraciones cognitivas que producen una alteración en la activación del organismo y en su conducta. Es un estado interno, con el que reaccionamos a determinadas situaciones, que está a medio camino entre la conducta y la pura reacción fisiológica.

Las emociones nos preparan para la adaptación al medio. De hecho, cada emoción tiene una serie de rasgos fisiológicos característicos y está asociada a una conducta también característica. Una persona avergonzada, por ejemplo, tendrá la musculatura facial distendida, puede manifestar rubor en el rostro, sudoración y ritmo cardíaco alto y puede también manifestar una sonrisa con los labios que se percibirá como falsa por su falta de sintonía con la expresión de los ojos. Conductualmente, será una persona sin iniciativa ni espontaneidad, cortará hasta donde sea posible el contacto sensorial con los demás, singularmente con la mirada, manifestará gestos de subordinación y ocupará poco espacio. Se mostrará vulnerable y tendrá dificultad en alcanzar el estado de ira suficiente para manifestar una conducta resistente.

Audio: León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (10 enero 2016)

Audio: León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (13 abril 2016)

Una disposición hacia una conducta determinada

Las emociones están vinculadas a conductas hasta tal punto que las señales de un estado emocional podemos entenderlas como señales de una disposición de conducta social. Aunque es complejo tratar lo que son las emociones y la manera en que afectan a la conducta y el razonamiento, podemos quedarnos con algunas ideas útiles:

  • Las emociones tienen una relación compleja con la razón.
  • Por un lado, podemos decir que la emoción y la razón se llevan mal, en cuanto que la primera anula a la segunda. Ciertas conductas adaptativas son difíciles de desplegar guiadas por nuestro lento razonamiento. Ejemplo: Si un felino corre hacia nosotros rugiendo y tuviéramos que decidir racionalmente nuestro comportamiento, el felino nos devoraría. El miedo es un estado más útil para un caso así, porque provoca de inmediato la conducta de huida adecuada.
  • Por otro lado, la emoción y la razón colaboran hasta el punto de que la razón no tendría objetivos a los que dirigirse sin una emoción que la guíe.

Las señales emocionales están continuamente modulando las conductas y respuestas de unos y otros y son un componente esencial de nuestras relaciones sociales.

Aunque no siempre tengamos conciencia de ello, en todo momento estamos experimentando algún tipo de emoción, que puede ser positiva o negativa, tanto por su componente cualitativo, como por el cuantitativo. Ej.: “me siento muy comprendido” (positiva) o “me siento un poco defraudado” (negativa).

Las emociones básicas

Las emociones tienen funciones adaptativas (preparan para la acción), sociales (comunican nuestro estado de ánimo) y motivacionales (facilitan el acercamiento o escape). Consideramos emociones básicas:

  • Alegría: mejora la solución de problemas creativos. Es un indicador de inicio o continuación de una misma acción o tarea.
  • Tristeza: cese de una acción para curarnos de una herida física o emocional.
  • Enfado: pretende defendernos de un ataque.
  • Miedo: evita o nos hace huir de un estímulo dañino.
  • Asco: se desarrolla para disminuir la posibilidad de comer algo que nos haga daño.
  • Sorpresa: prepara para las demás.

Solemos considerar al control emocional como una habilidad útil en nuestras relaciones sociales. Controlar las emociones es ser capaz de usarlas para nuestro beneficio, pero, no tenemos control sobre la emoción misma sino sólo sobre su manifestación externa. Ya Aristóteles escribió: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” (Ética a Nicómaco).