El duelo es un proceso psicológico adaptativo que se activa tras la pérdida de una persona significativa. No es una enfermedad, sino una respuesta natural ante la ruptura de un vínculo afectivo (APA, 2022).
Implica reacciones emocionales (tristeza, rabia, culpa), cognitivas (rumiación, incredulidad), fisiológicas (fatiga, alteraciones del sueño) y conductuales (aislamiento, búsqueda del fallecido).
Su función es permitir la reorganización interna y externa de la vida sin la persona perdida (Worden, 2018).
Vivir el duelo
El duelo es un proceso altamente individual. Aunque clásicamente se han descrito fases (negación, ira, negociación, depresión y aceptación según Kübler-Ross, 1969), hoy sabemos que no se transitan de forma lineal ni universal.
Cada persona lo experimenta según su historia previa, el tipo de vínculo, las circunstancias de la muerte y los recursos psicológicos y sociales disponibles.
No hay tiempos estándar ni emociones obligatorias (Stroebe y Schut, 1999).
Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (11 marzo 2026). Audio cortesía de Jorge Martínez.
Duelo patológico
Hablamos de duelo complicado o trastorno de duelo prolongado cuando el sufrimiento es intenso y persistente en el tiempo (más allá de lo culturalmente esperado) y genera un deterioro significativo en la vida personal, laboral o social.
Algunos indicadores de alerta son: incapacidad persistente para aceptar la muerte, sensación de vacío extrema, evitación constante de cualquier recordatorio o, por el contrario, fijación obsesiva en la pérdida. En estos casos, la intervención profesional es recomendable.
Factores que influyen en el duelo
Influyen variables como:
- La naturaleza de la muerte (repentina, violenta o traumática).
- La calidad y dependencia del vínculo.
- Pérdidas múltiples o acumuladas.
- Antecedentes de trastornos psicológicos.
- Escaso apoyo social.
- Sentimientos intensos de culpa o asuntos pendientes no resueltos.
El duelo no depende solo de la pérdida en sí, sino del significado que esa relación tenía en la identidad y el proyecto vital de la persona (Bonanno y Prigerson, 2009).
Acompañar en el duelo
Lo más terapéutico suele ser la presencia empática, no las frases hechas. Validar el dolor (“entiendo que esto debe ser muy difícil”), permitir la expresión emocional y evitar minimizar (“tienes que ser fuerte”, “el tiempo lo cura todo”) es fundamental.
El acompañamiento implica respetar los tiempos del doliente y ofrecer apoyo práctico cuando sea necesario. Escuchar, más que aconsejar, es clave.
¿Superar la pérdida?
Más que “superar”, hablamos de integrar la pérdida. El vínculo no desaparece, se transforma (Neimeyer, 2001).
Con el tiempo, el recuerdo puede dejar de estar asociado exclusivamente al dolor intenso y pasar a formar parte de la historia personal con un significado diferente.
El objetivo del duelo no es olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia sin que el sufrimiento bloquee la vida presente.
Bibliografía
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). Washington, DC: Author.
- Bonanno, G. A. (2009). The Other Side of Sadness: What the New Science of Bereavement Tells Us About Life After Loss. New York: Basic Books.
- Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying. New York: Macmillan.
- Neimeyer, R. A. (2001). Meaning Reconstruction and the Experience of Loss. Washington, DC: American Psychological Association.
- Prigerson, H. G., et al. (2009). Prolonged grief disorder: Psychometric validation of criteria proposed for DSM-V and ICD-11. PLoS Medicine, 6(8), e1000121.
- Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197–224.
- Worden, J. W. (2018). Grief Counseling and Grief Therapy: A Handbook for the Mental Health Practitioner (5th ed.). New York: Springer Publishing.
Enlace del programa de audio en Onda Cero (desde el minuto 16 de 1 h. y 34 minutos).