En una entrada anterior hablamos sobre la importancia de la teoría del apego de Bowlby y como nos afecta en nuestras relaciones íntimas. La idea general es que el nivel de afecto y cercanía de nuestros padres (sumado a varios factores más, como la personalidad, relaciones sociales, etc.) moldean una manera de ver el mundo y a los demás que oscila entre la apertura o el miedo y el rechazo.

Para ahondar en ello, Bowlby presentó el concepto de Modelo Operativo Interno (Bretherton y Munholland, 1999) para explicar como se genera ese constructo. Definimos este Modelo Operativo Interno como una representación mental de nuestra relación con nuestro primer/principal cuidador. Ésta se convierte en una especie de “plantilla” para futuras relaciones, que permite al individuo intentar predecir, controlar o manipular el entorno en el que se encuentra.

La Teoría de la Mentalización (no hay que confundirla con la Teoría de la Mente) ha sido presentada en los últimos años como un modelo predictor y que interacciona de manera importante con el apego humano. La mentalización se define como la capacidad de entender a los otros y a nosotros mismos en términos de estados mentales internos (con la evaluación cognitiva consiguiente). Ésta consta de cuatro dimensiones principales:

  1. Automático vs. controlado.
  2. Centrado en lo interno vs. externo.
  3. Yo vs. el otro.
  4. Cognitivo vs. afectivo

Un desequilibrio grave entre todas variables ha sido probado como valor predictor en trastornos mentales (Luyton, Campbell, Allison y Fonagy, 2020).

Este modelo teórico cobra importancia en la educación emocional de los cuidadores, ya que existe una escala denominada “Funcionamiento Reflexivo de los Padres”, que evalúa la capacidad de razonamiento, empatía y manejo de situaciones estresantes con respecto a sus hijos. Está comprobado que aquellos cuidadores con altos niveles de funcionamiento reflexivo son capaces de responder con estrategias emocional y conductualmente coherentes en respuesta a cualquier petición y las experiencias subjetivas que presente su hijo o hija (Luyten, Mayes, Nijssens y Fonagy, 2017). Este estilo educativo permitirá al hijo desarrollar estrategias metacognitivas exitosas ante problemas que vaya encontrando, afianzando un apego seguro con el entorno. Además, un funcionamiento reflexivo positivo por parte de los padres hará que su hijo tenga menos probabilidad de sufrir un trastorno mental y refiera más satisfacción en su vida adulta.

También, este apego de tipo seguro es un buen predictor de sufrir menos trastornos de ansiedad en la vida adulta, ya que el sistema principal que modula la respuesta a estímulos estresantes (el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal) es especialmente sensible en etapas de desarrollo tempranas. Un apego de tipo seguro actúa como defensa ante los efectos del estrés en la primera infancia, consolidando un sistema de alerta que no responda de manera desmesurada al entorno (Feldman, 2017).

En conclusión, resulta recomendable entrenar a los padres en estrategias comunicativas emocionales y educativas, sumado al aprendizaje social normal del niño (como en la escuela). Desde su nacimiento, existen herramientas y tratamientos empíricos para conseguirlo.

Referencias: