Cuando una norma funciona sería bueno no cambiarla salvo que sirva para mejorarla. A nadie se le ocurriría, bueno, a casi nadie, modificar la Ley del divorcio poniendo más trabas a quien decida libremente separarse y, si hubiera que modificarla, se intentaría hacerla más ágil, fácil y propiciando, en el caso de que los haya, el apego de los hijos hacia cada uno de los progenitores a través de la custodia compartida.

Pero lo que suele ser evidente para la sociedad es, en ocasiones, extraño para los legisladores. Dependiendo de las gafas que se pongan y de los intereses que defiendan, así su punto de vista quedará empañado. Si además, se crean comisiones sesgadas para estudiar un tema (de expertos, de ética…), se opinará lo que ellos demanden. Pero dejémonos llevar por criterios científicos, de respeto al ciudadano y no por intereses espúreos de uno u otro bando.

Numerosas sociedades científicas se han opuesto al intento de reforma de la Ley del aborto ya que choca contra la evolución de esta norma. La norma vigente no ha creado un problema sanitario, ha propiciado la alternativa de que la mujer, si así lo desea, pueda interrumpir su embarazo de forma voluntaria. Como ocurrió con la Ley del divorcio, fue evolucionando hacia no tener que justificar la decisión de por qué separarse. Valía con que uno de los miembros de la pareja lo quisiera para ponerle los medios para separarse.

La Salud Sexual es un derecho

Una forma de ejercerla, es la libertad que tiene el individuo de ejercer su derecho o no de tener hijos, o tenerlos cuando mejor le convenga. Un error, agresión sexual o cambio de parecer, por circunstancias personales, bastaría para hacerlo dentro de unos cauces establecidos (el tiempo de margen para hacerlo es una buena opción). A la mujer que desea tener un hijo habrá que propiciarle los medios para que lo tenga en las mejores condiciones y quien no desee tenerlo habrá que ofrecerle también, como hasta ahora (o mejor que ahora) dicha oportunidad. Sufrimos todavía los ciudadanos que muchos centros sanitarios públicos no  han permitido abortar justificándolo de que no existen especialistas que decidan llevarlo a cabo.

Mejor cambiar para mejorar lo existente

Sabemos, por otra parte, que un hijo no deseado y a los que sus padres no le propician un apego seguro (amor incondicional) tiene mayor probabilidad de tener problemas psicológicos en el futuro, generando a la sociedad mayor uso de los servicios de Salud Mental. Además, estamos viendo hoy día, que una joven que está estudiando en un centro escolar se la intente marginar de su socialización por el simple hecho de estar embarazada, evitando que se relacione con sus compañeros como si fuera una vergüenza, diera mala imagen a la institución, fuera algo contagioso o que el hecho de estar embarazada eximiera de cumplir las obligaciones que se hayan asumido. Curiosa manera de resolver torticeramente buscando respetar su derecho de la menor a decidir tener el hijo.

Habrá que educar a nuestros jóvenes en temas de Salud (física, mental, sexual…) para que sepan decidir sin tener que intervenir el legislador en temas que no le incumben. Y cuando haya discrepancia entre dos derechos (madre e hijo no nacido) se busque la mejor manera de articularlos para darle una solución que ha funcionado hasta ahora. Querer modificar algo que ha sido útil, disminuyendo incluso el número de abortos, es sólo una manera de crear un problema donde no lo había. No importa de quién venga esa norma, mientras funcione…

Publicado en (provisionalmente deshabilitado): ileon.com (2 junio 2014)