La ansiedad y la depresión suelen reducir el deseo sexual (libido). Como consecuencia de los síntomas que genera la depresión, como la apatía, fatiga, anhedonia (dificultad para sentir placer) y la baja motivación hacen que el interés por la actividad sexual disminuya.

Además, algunos tratamientos farmacológicos —especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)— pueden provocar disminución del deseo o dificultades en la excitación y el orgasmo. Todo ello puede afectar también a la relación de pareja si no se aborda de forma abierta.

La ansiedad activa el sistema de alerta del organismo lo que dificulta la relajación necesaria para la excitación sexual. Suele provocar problemas como dificultades de erección, falta de lubricación vaginal o incapacidad para concentrarse en el momento íntimo. La “ansiedad de rendimiento sexual”, donde la preocupación por hacerlo bien, termina interfiriendo con la respuesta sexual.

En un estudio clásico comprobó una paradoja, el 50% de mujeres con un trastorno depresivo clínico mostraba una disminución de su deseo sexual, pero en un 9,5% este había aumentado. Con mujeres diagnosticadas con un trastorno de ansiedad el efecto paradójico fue todavía más relevante, con un 34% en donde disminuyó el deseo y un 23% en donde aumentó.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (8 abril 2026). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Estrés cotidiano e  intimidad de la pareja

El estrés crónico reduce la disponibilidad psicológica y emocional para la intimidad. Cuando una persona está saturada por preocupaciones laborales, económicas o familiares, su mente permanece en modo de resolución de problemas, lo que dificulta la conexión emocional y física con la pareja. Además, el aumento sostenido del cortisol puede disminuir el deseo sexual.

Autoestima y vida sexual

La autoestima está estrechamente vinculada a la seguridad corporal y emocional. Las personas con baja autoestima pueden sentirse poco atractivas o temer ser juzgadas por su pareja, lo que genera inhibición sexual o evitación de la intimidad. Por el contrario, una autoestima más saludable suele facilitar una sexualidad más libre, comunicativa y satisfactoria.

Los factores emocionales no sólo afectan al deseo sexual, sino también a la capacidad de conexión emocional. Las personas deprimidas pueden mostrarse más retraídas, irritables o distantes, lo que reduce la comunicación afectiva y la cercanía en la pareja. Esta distancia emocional suele repercutir directamente en la frecuencia y la calidad de las relaciones sexuales.

Salud mental para una vida sexual plena

Par mejorar la vida sexual en pareja el primer paso es reconocer que la sexualidad y la salud mental están profundamente conectadas. Hablar abiertamente sobre las dificultades, evitar la culpabilización y buscar ayuda profesional cuando sea necesario puede mejorar mucho la situación.

La psicoterapia, la terapia de pareja o la terapia sexual suelen ayudar a recuperar tanto la intimidad emocional como la satisfacción sexual.

Bibliografía:

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  • Kaplan, HS (1982). Trastornos del deseo sexual. Editorial Grijalbo.
  • Laumann, EO et al. (2000). The Social Organization of Sexuality. University of Chicago Press.
  • Lykins, A.D, Janssen E. y Graham, C.A. (2026 The relationship between negative mood and sexuality in heterosexual college woman and men. . J Sex Res. 43(2):136-143.

Enlace del programa de audio en Onda Cero (desde el minuto 16 de 1 h. y 34 minutos).