Con unas estadísticas de divorcios de más de la mitad de los matrimonios en España, el asunto de la custodia de los menores es un tipo de demanda muy común en despachos de psicología para realizar peritajes. Muchas veces nos encontramos con luchas enconadas entre cónyuges donde los hijos son armas arrojadizas para hacerse el mayor daño posible entre ellos.

La pérdida de una base de apego segura, que son los padres o cuidadores para los niños, suele ser un hecho muy difícil de digerir para la mayoría. Las niñas y adolescentes, al estar formando su personalidad en el mundo, son hipersensibles a las claves sociales de su alrededor. Por ello, cualquier cambio brusco que se produzca con sus figuras más queridas provocará perplejidad y un proceso de duelo que normalmente tarda años en elaborarse, incluso en separaciones amistosas en donde la prioridad de los padres es que afecte a sus hijos lo menos posible.

Pero, lamentablemente, no son pocos los casos en que los padres ven a sus hijos como objetos a los que usar a su antojo más que lo que son en realidad: seres humanos con sus derechos y mundo interior propio que se encuentran en fases de desarrollo claves para entrar en el mundo adulto de la manera más funcional posible.

Más de Uno León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto vía telemática (19 mayo 2021). Audio cortesía de Javier Chamorro.

Claves en los procesos legales

En estos casos de separación es siempre necesario contratar asesoramiento legal para realizar todo el papeleo que conlleva una ruptura matrimonial. No obstante, llevamos trabajando con abogados codo con codo en nuestro centro desde el inicio de nuestra profesión. En los casi 40 años de experiencia hemos visto algunos cambios en la manera de funcionar el mundo judicial. Lo primero que tenemos que conocer, es la diferencia entre custodia y patria potestad.

La segunda se refiere a la representación legal y la administración de los bienes de los hijos mientras estos son menores de edad, está ejercida por ambos progenitores, estén divorciados o no, y solo se retira o por fallecimiento de un progenitor o por orden judicial.

La guardia y custodia en cambio es a quien se le da la convivencia y cuidado habitual de los hijos.

Es muy importante hacer esta diferenciación, ya que por ejemplo, si se realiza un peritaje de un/a menor y se ha hecho sin la autorización expresa de las dos partes con la patria potestad, la parte que no ha autorizado puede presentar una demanda por ello. Más allá del tema de custodias, patria potestad… hay que recalcar que el trabajo con menores de edad es delicado tanto por el aspecto legal como por las fases críticas de su desarrollo.

La custodia de los hijos

En el momento actual se observa una tendencia a dar custodias compartidas de manera más habitual que antiguamente. En estos casos ambos progenitores pueden vivir con el o los hijos por el tiempo estipulado por el juez, aunque el porcentaje de dicho tiempo no tiene porqué ser idéntico.

Si ninguno de los padres es negligente en el cuidado de su descendencia esta sería la mejor opción, aunque hay muchos matices en cada caso concreto que hay que estudiar en profundidad.

El cambio de paradigma

En el año 2005 se realizó una reforma del Código Civil estableciendo principios como la corresponsabilidad parental, ya que hasta entonces se tendía a dar la custodia exclusivamente a uno de los progenitores, normalmente la madre. Pero, a pesar de esto, las estadísticas siguen mostrando que más de la mitad de las sentencias de custodia son monoparentales maternas.

Lamentablemente en nuestro centro observamos una mayor tendencia a padres que abandonan o desatienden a los menores más que las madres, con lo que nuestra experiencia clínica particular tiende a corroborar esas estadísticas.

La custodia puede decidirse de manera amistosa (un cónyuge hace una petición y el otro lo acepta), o con un litigio en el que tendrá que decidir el juez en caso que no exista ningún tipo de acuerdo.

Normalmente cuando no hay acuerdo ambos progenitores suelen acudir con informes de parte y también se suele realizar un informe pericial por parte del ministerio público que suele tener más peso que los informes de parte cuando el juez tiene que tomar la decisión.

Con todas las variables psicológicas o circunstanciales (como las cercanías de domicilios, posibilidad de atención…), también se tiene en cuenta para la sentencia la opinión de los hijos a partir de los 12 años. Pero poner a los menores en el brete de decidir delante de una figura tan imponente y en un entorno tan frío “entre papá o mamá” puede resultar profundamente traumático para ellos.

Queremos recalcar el tremendo daño emocional que puede arrastrar toda la vida un/a menor involucrado en un proceso de divorcio tóxico. La prioridad tiene que ser siempre el bienestar de los niños o niñas, no de los adultos.

Referencias: