El rencor es un sentimiento que surge cuando consideramos que se nos ha ofendido o generado un daño de forma inmerecida o injusta. La mayoría de esos resentimientos tan arraigados que nos producen rencor no se deben a lo que nos pasa sino al significado que nosotros le otorgamos. Superarlo es conveniente ya que interfiere en nuestra salud mental y equilibrio emocional siendo muy beneficioso perdonar los errores propios y/o los cometidos por otros.

El rencor produce sufrimiento a la persona que lo siente porque da paso a pensamientos patológicos u obsesivos que pueden ser muy frecuentes (varias veces al día), intensos (nos alteran mucho) o muy duraderos (están varias horas en nuestra mente). Pero, como nuestro modo de pensar es una pauta de hábito aprendida, podemos aprender a controlarlos.

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Audio: Onda Cero León con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (9 diciembre 2015)

Cuando no salen las cosas como queremos

El rencor muchas veces surge porque la persona cree que los demás deberían hacer lo que ella quiere o del modo que ella considera aceptable y correcto. Este tipo de personas se comporta de acuerdo con unas reglas inflexibles que cree que deberían regir la relación de todas las demás, considerando estas reglas como correctas e indiscutibles y cualquier desviación hacia valores o normas particulares es mala. Son razonamientos tóxicos que nos hacen sufrir innecesariamente.

Reacciones típicas ante la frustración son la agresión, la evitación, el aislamiento, la racionalización o la resignación. La impulsividad y el mal manejo de la frustración están unidas y llevan a tomar malas decisiones e infelicidad. Sabemos que un alto nivel de enfado ante las frustraciones nos hace tomar decisiones menos acertadas.

Para superar las decepciones y evitar el rencor

Sería razonable comprender y aceptar que el mundo y las personas no están a nuestra disposición para satisfacer nuestros deseos e ilusiones. Aprovechar las decepciones como oportunidades para el aprendizaje, el crecimiento personal y el autoconocimiento. Es conveniente aceptar que no poseemos la verdad absoluta, que no tenemos el control sobre los demás y que no dependemos de otros para ser felices. Asumir que, cuando no depende de nosotros, las cosas suceden no teniéndonos en cuenta. Finalmente, es acertado intentar que errores pasados no nos condicionen demasiado para seguir cometiéndolos en el futuro. Aceptarnos en lugar de criticarnos, mantener buenas relaciones con las personas que amamos y afrontar el futuro de forma positiva para intentar cambiar lo que esté en nuestra mano.