El rencor es un resentimiento arraigado y tenaz que surge cuando interpretamos que alguien nos ha hecho una ofensa injustamente. Muchas veces este resentimiento no se debe a la decepción sufrida sino al significado que nosotros le otorgamos.  Creemos en la existencia de reglas fijas, inflexibles, correctas e indiscutibles que deberían regir la relación de todas las personas y con todas las cosas, son razonamientos tóxicos que nos hacen sufrir innecesariamente y la desviación hacia valores o normas ajenas no sería correcta. Es el error de los debería: creer que los demás o lo que nos sucede tendrían que ser como uno querría que fuese. Otro error es la culpabilización, el que ante un hecho injusto alguien tendría que ser culpable de ello.

La maldad no es algo sólo atribuible a personas mezquinas pues en buena medida viene explicada por el ambiente que percibimos. Aunque la mayoría de las personas tenemos un cierto equilibrio ético al convivir con el resto y el cumplimiento de las normas de convivencia ha proporcionado entornos bastante estables para poder convivir relativamente bien, hay un 4% que tienden a actuar de forma maligna (de estos un 1% son antisociales). Se cree que otro 20% actúan de un modo compasivo y respetuoso de las reglas, mientras que el 76% restante actúan influenciados por el comportamiento ajeno o del entorno.

León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (8 noviembre 2017). Audio cortesía de Jorge Martínez.

La influencia del entorno

Como ya hemos comentado el contexto tiene un papel importante a la hora de orientar moralmente nuestra conducta hacia los demás. Varias investigaciones lo demuestran:

  • Philip Zimbargo (1971), diseñó lo que se conoce como el experimento de la cárcel de Stanford para estudiar de qué manera personas que no habían tenido relación con el entorno carcelario se adaptaban a una situación de vulnerabilidad frente a otros. Participaron 24 hombres jóvenes de clase media, a cambio de una paga. Se hicieron dos grupos por sorteo: los guardias que ostentarían el poder y los prisioneros que tendrían que permanecer recluidos en el sótano durante los días que durase el experimento. Los guardias tenían prohibido hacer daño a los reclusos y su función se reducía a controlar su comportamiento, hacer que se sintieran incómodos desprovistos de su privacidad y sujetos al comportamiento de sus vigilantes. El primer día fue tranquilo, el segundo se empezó a difuminar la línea que separaba su propia identidad del rol que debían cumplir y en el sexto día la situación estaba tan fuera de control que el equipo de investigación tuvo que ponerle bruscamente fin. Unos estudiantes “normales” se habían convertido en torturadores y en delincuentes.
  • Kees Keizer (sociólogo holandés): Dejó folletos publicitarios en todas las bicicletas de un estacionamiento próximo a un supermercado cercano y observó cómo cerca del 20% de los ciclistas tiraban el papel en el suelo para quitarlo de la bici. A continuación, procedió a degradar el estacionamiento llenando las paredes con pinturas y grafitis y volvió a realizar el experimento. En esta ocasión un 50% de personas arrojó el papel al suelo.
  • Estudio Universidad de Berkeley: relación entre el estatus socioeconómico y la bondad mediante el juego del Monopoly cambiando las reglas donde uno de ellos se hacía mucho más rico: A mayor dinero menor ética, amabilidad, menor empatía y compasión, y mayor probabilidad de hacer trampas y con mayor codicia.

En cuanto a ese 1% de personas antisociales, la falta de empatía hacia las personas a las que hieren es el principal componente de su inclinación a cometer crímenes violentos. Se creen invulnerables, superiores, y sobre todo, piensan que tienen unos privilegios y derechos que prevalecen sobre los de los otros. Consideran a las demás personas inferiores y débiles y, cuando alguien se enfrenta a ellos, por lo general, utilizan estrategias manipuladoras y la violencia para acabar con esa oposición.

El perdón podría ser una buena forma de superar el rencor asumiendo que las cosas no suelen salir como nuestros deseos suelen simular.