Las personas con discapacidad manifiestan emociones e impulsos sexuales similares a las de los demás, aunque con frecuencia se les ha considerado como personas asexuadas. La necesidad de afecto y de intimidad es inherente a la naturaleza humana y tener cubierta esta necesidad contribuye a mantener el equilibrio psicológico y emocional. Sin embargo, las personas discapacitadas suelen tener sus necesidades sexuales frustradas, ya que las personas de su entorno no suelen reconocerlas.

En general, creen que no deben tener actividad sexual ni pueden formar pareja, casarse, tener hijos… Las familias muchas veces se centran en la educación y la rehabilitación, olvidando la importancia que para estos colectivos tiene la educación sexual. Las personas con discapacidad tienen derecho a:

  • Recibir información y ayuda en el área sexual.
  • Ser protegidos contra el abuso, violación o acoso.
  • Explorar su cuerpo y a descubrir sus posibilidades de placer sexual.
  • Mantener relaciones sexuales.
  • Formar pareja, elegir su estado civil y a la descendencia.

El programa de educación afectivo sexual para personas con discapacidad hay que dirigirlo y adaptarlo a todas las discapacidades (intelectual, sensorial, daño cerebral, enfermedad mental…) y debe: asegurar la protección y la autoprotección, aceptar su derecho a la privacidad e intimidad, informar sobre afectos y sexualidad, desarrollar las habilidades interpersonales y fomentar actitudes positivas hacia la sexualidad propia y la de los demás.

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Audio: León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (25 mayo 2016). Cortesía de Jorge Martínez

Discapacidad física

En muchas sociedades la discapacidad física todavía constituye un tabú y eso margina a la persona que la sufre. Sin embargo, muchas personas que tienen algún tipo de discapacidad física llevan una vida totalmente satisfactoria, no olvidemos que el órgano sexual más importante es el cerebro y la piel nuestro principal órgano perceptivo.

El uso de fármacos y otras ayudas técnicas pueden facilitar el disfrute de prácticas impedidas por la discapacidad misma: erección del pene, lubricación vaginal, coito…

Otro modo que tienen estas personas para satisfacer sus necesidades es el de la asistencia sexual, aunque éste todavía es un tema controvertido. Hace mucho tiempo que existen asistentes sexuales (hombres y mujeres) que trabajan en este campo, pero suelen hacerlo a escondidas. En otros países de Europa el debate se ha ido haciendo público, en Suiza, por ejemplo, la asistencia sexual está reglamentada, aunque lo fundamental es revelar que el problema existe y que se use esta alternativa en caso necesario.