El término inteligencia emocional fue acuñado hace unos años por Payne (1985) pero no se popularizó hasta que Goleman publicó un libro con el mismo nombre. Es la idea de una inteligencia más social en contrapartida a la instauración del cociente intelectual.

Consideramos a la inteligencia emocional como la facultad que determina nuestro potencial para aprender las habilidades prácticas basadas en los elementos de autoconocimiento, motivación, autocontrol, empatía y destreza para las relaciones sociales. Pretende tomar conciencia de nuestras emociones, comprender las ajenas, ser capaz de controlarlas para superar las frustraciones, saber relacionarnos con los demás y tomar decisiones de forma adaptativa. Se dan en ella las siguientes características:

  • Conciencia de uno mismo, o capacidad de saber lo que estamos sintiendo en momentos determinados.
  • Autorregulación, el poder manejar nuestras emociones y que faciliten la tarea que estamos llevando a cabo.
  • Automotivación: Encontrar nuestras preferencias más profundas para llegar a un objetivo.
  • Empatía: Ser capaces de ponerse en el lugar del otro, ver lo que está sintiendo.
  • Habilidades sociales: Interpretar adecuadamente las situaciones en las que uno se encuentra.
MACB-O0

Audio: León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (27 abril 2016)

Afrontando las emociones

Como ya comentamos en el programa anterior, fundamentalmente las emociones que sentimos los humanos son cuatro: alegría, tristeza, enfado y miedo. Otras dos son también universales como el asco, que nos avisa adaptativamente de lo que no debemos comer, y la sorpresa, que nos prepara para la respuesta de las otras cuatro emociones principales. Pero no todas las personas actuamos igual frente a nuestras emociones. Según Mayer existen:

  • Las personas conscientes de sí mismas: Son personas psicológicamente sanas que tienden a tener una visión positiva de la vida y si caen en un estado de ánimo negativo no tardan en salir de él.
  • Las atrapadas en sus emociones: Personas a las que las emociones las desbordan y son incapaces de escapar de ellas. No tratan de escapar de los estados de ánimo negativos.
  • Las que las aceptan resignadas: Aún percibiendo claramente lo que están sintiendo, estas personas tienden a aceptar pasivamente sus estados de ánimo.

Para modificar las emociones tóxicas

Primeramente tenemos que aprender a desactivarlas cuando son nocivas. Para ello hay que saber cuáles son y las motivaciones que las rigen. Por ej.:  me siento enfadada cuando hablo con mi madre y se queja de que no le atiendo cuando va siendo mayor.

La segunda toma de conciencia tendría que ver con aceptar las frustraciones como elemento natural de nuestra existencia. Por ej.: es lógico que ella desee que pase más tiempo con ella cuando me aprecia. Posteriormente, saber interpretarlas y canalizarlas de una forma racional para generar una respuesta adaptativa. Por ej.: no obstante, dado que tengo marido e hijos puede comprender que no tengo tanto tiempo para dedicárselo a ella.

Finalmente, intentar que no me generen demasiada intensidad, frecuencia o duración emocional en el futuro. Por ej.: la próxima vez que se queje le comentaré que no le atiendo tanto como ella querría debido a mis responsabilidades, aunque la sigo queriendo y estoy muy agradecida de que me haya educado y querido tanto. Quizá pueda sugerirle que intente ampliar sus redes sociales para que no dependa tanto de mí.