El duelo es la reacción psicológica, el dolor emocional que sentimos cuando hemos perdido a alguien importante en nuestra vida. Es un proceso normal a lo largo del cual tenemos que ir adaptándonos a una nueva realidad: La vida sin ese ser querido. Suelen ser experiencias dolorosas por la que todos pasaremos a lo largo de nuestra vida. Su evolución, habitualmente, progresa hasta la superación. Sólo para unos pocos el proceso se puede complicar y suponer incluso problemas emocionales.

Aunque cada persona tiene su propio ritmo, el primer año suele ser el más duro, experimentándose luego un descenso progresivo del malestar emocional. De cualquier forma, el tiempo que tarda una persona en recuperarse tras una pérdida depende de muchos factores ya que la intensidad del duelo no es la misma para todos nosotros: Cómo han sido las circunstancias de la pérdida, cuál era la intensidad de la unión y la relación con la persona, la edad, si existían conflictos no resueltos…. Estos factores influyen en su superación, considerándose como momento clave cuando somos capaces de mirar hacia el pasado y recordar sin intensa pena y dolor a nuestro ser perdido y a la historia compartida.

   León en la Onda, 7 noviembre 2012.

Aunque las reacciones que se producen en las personas durante la elaboración del duelo no son lineales ni se dan siempre de la misma forma en todas ellas, se han descrito varias fases en el proceso de duelo:

  • Fase de shock o estupor. Estado de embotamiento mental caracterizado por la presencia de conductas desajustadas y emociones de angustia. A veces, suelen aparecer también problemas de sueño y comida. Hay incredulidad para aceptar la realidad, tratándose de un estado protector ante la amenaza del gran dolor por la pérdida. Generalmente esta fase dura de uno a tres meses.
  • Fase de protesta en la que se muestra enfado hacia las personas a las que se considera responsables de la pérdida. Aparece la culpa por la posibilidad de haber podido hacer algo para evitarla, junto a intensas fluctuaciones en el estado de ánimo. Se pueden sentir también falta de seguridad y baja autoestima.
  • Etapa de desorganización o de desesperanza. En esta etapa se toma conciencia de que el ser querido no volverá. Un sentimiento de profunda tristeza y sus emociones están a flor de piel. Muchas personas “sienten la presencia” del familiar fallecido, sobre todo en momentos de somnolencia o relajación, siendo habituales la apatía, desinterés, o tendencia al abandono. También puede surgir el impulso de llevar a cabo cambios radicales en su vida (casa, trabajo, localidad de residencia) o en sus relaciones personales o familiares.
  • Fase de reorganización. Es la etapa final donde poco a poco se afronta la nueva situación y se reorganiza la propia existencia. La persona comienza aquí a vivir para sí misma.

Durante el duelo se tendrá la sensación de estar pasando una y otra vez por estas fases, pero cada vez se experimentarán sentimientos menos intensos y la adaptación a la realidad se realizará con mayor tranquilidad.

Para mejor superar el duelo es conveniente aceptar que el dolor duele. Darse un tiempo para asumirlo, descansar y superarlo. Cuidar la propia salud y aplazar decisiones importantes sin precipitarse. Aceptar, en ocasiones, el apoyo de otras personas. Intentar afrontar la rutina poco a poco evitando el aislamiento social. Si hay menores, es conveniente apoyarles. Habría que evitar automedicarse y, finalmente, asumir la pérdida intentando que el recuerdo no nos haga demasiado daño.

No olvidemos tampoco que pedir ayuda profesional no significa debilidad. No es más fuerte quién no precisa ayuda sino quién tiene el valor de pedirla cuando la necesita.

¿Qué hemos sentido cuando hemos perdido a un ser querido? ¿Cómo lo hemos  superado?