Errar es humano. El hombre lleva metiendo la gamba desde que se puso de pie. Y casi tan asiduo es errar como intentar echar balones fuera. Escuchar un “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” es prácticamente una quimera, porque la fórmula se pronuncia cuando el fallo es realmente evidente. Y a veces ni aún así. Pero, ¿qué procesos se desencadenan en la mente que nos llevan a elegir un culpable?…

Cepteco colabora en el artículo de Alejandro Tovar.

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