Es un placer poder publicar en este Blog, con su autorización, la excelente carta del Maestro y Presidente de Honor de la FESS (Federación Española de Sociedades de Sexología):

Por Julián Fernández de Quero

Estimado amigo, me mueve a dirigirme a ti la buena intención de aportarte datos y puntos de vista que puedan servirte para tu propia reflexión sobre ti mismo y tu penosa condición de usuario de la prostitución. Es muy posible que, como otros muchos hombres, estés convencido de acudir a la prostitución para satisfacer “necesidades fisiológicas” imperiosas que no tienes más remedio que atender so pena de perjudicar gravemente tu salud. Sin embargo, las ciencias sexológicas hace décadas que demostraron que dichas necesidades no existen y que la sexualidad es producto de nuestra voluntad y podemos encauzarla y manejarla de manera que aumente nuestro bienestar y sin ningún perjuicio para la salud, por ejemplo, practicando la masturbación. Ya sé que existe otra creencia falsa que considera esta práctica autoerótica como algo propio de adolescentes inmaduros y que cuando ya tienes acceso a otras personas (bien sea tu propia esposa u otras) no se debe de practicar. Sin embargo, la mayoría de los hombres, casados y solteros, se masturban a cualquier edad y sólo una minoría se atienen a dicha creencia. Espero que tú no pertenezcas a dicha minoría, porque te estás perdiendo la posibilidad de aumentar tu bienestar personal sin tener que recurrir a la prostitución. Además, es que si comparas las dos prácticas, te darás cuenta de las diferencias: El uso de la prostitución es incómodo (tienes que desplazarte, haga frío o calor, buscar a la prostituta, negociar con ella y, a veces, tener la relación en un lugar insalubre o cutre), peligroso (estás expuesto a que te engañen, te roben o los proxenetas te maltraten), patológico (puedes contagiarte de enfermedades de transmisión sexual que pueden llegar a ser muy graves, incluso, mortales, como la sífilis o el sida) y costoso (según sea el nivel de la prostituta con la que acuerdas). En cambio, la masturbación es gratis (no te cuesta ni un euro), es cómoda (puedes practicarla en casa o donde estés más a gusto), es saludable (no hay ningún riesgo de contagio) y nada arriesgada (pues no hay nadie involucrado salvo tú). En cuanto a las famosas “necesidades o urgencias” piensa en los cosmonautas que permanecen seis meses o más en la Estación Espacial Internacional o los marineros que están más de tres meses en alta mar. Son la mejor demostración de la falsedad de dichas creencias.

Es posible que lo que te motiva al uso de la prostitución no sea esta falacia de las “necesidades fisiológicas” sino un deseo de sentir que dominas y controlas a otra persona. Aparentemente, tú eres el que controlas la situación: Impones unas condiciones a cambio de un dinero. Sientes que le “estás echando un polvo” a la prostituta, que “la penetras” con tu miembro viril, incluso, te engañas a ti mismo con la ilusión de que “la haces disfrutar”, de que es “una ninfómana que lo hace por placer”. Seguramente estás casado (no es raro, un sesenta por ciento de los clientes de la prostitución lo están) y ese deseo de dominación te surja de un complejo de inferioridad con relación a tu esposa. Ella lleva las riendas del hogar, decide lo que se come, lo que visten los/as hijos/as, controla su educación, lleva la economía doméstica, incluso, administra vuestras relaciones sexuales decidiendo cuando “toca” y cuando no. Tú te sientes ninguneado, un cero a la izquierda, un imbécil que sólo es tenido en cuenta para trabajar y entregar el dinero en casa. Pero, sobre todo, te sientes insatisfecho porque en las relaciones sexuales con tu esposa no puedes imponer tus gustos, tu frecuencia de deseo, tus fantasías. Y buscas a una prostituta para imponerle a ella lo que no puedes hacer en casa.

También puede ocurrir que nada de esto sea así, por el contrario, que tú te sientas el “cabeza de familia”, con mando en plaza, con autoridad, y que en tu hogar se hace lo que tú decides y punto. De todas formas, notas que tu mujer sabe apañárselas para dejarte insatisfecho en tus relaciones sexuales, bien por ese montón de excusas que plantea para negarte la ocasión, bien por esa actitud fría y despreciativa que adopta durante las relaciones. Total, que buscas en la prostitución lo que no encuentras en tu casa.

En el caso de que seas soltero, es posible que lo que te lleva al uso de la prostitución sean las dificultades que te genera el establecer relaciones con otras mujeres de igual a igual. No puedes ir con prisas, tienes que convencer, seducir, negociar. Te resulta pesado eso de ligar. En cambio la prostitución te brinda una solución más rápida y cómoda: Llegas, buscas, pagas y follas. Ya está.

Sin embargo, la realidad suele ser muy distinta. En la relación con una prostituta, tú te sientes el dominador de la situación porque eres el que compras y consumes. Lo cierto es que, si la relación la estableces con una prostituta voluntaria y autónoma, ella es la que se está beneficiando. Con sus artes de seducción y fingimiento, te hace vivir una ilusión con el único objetivo de vaciarte la billetera para engordar su cuenta corriente y así mantener un elevado nivel de vida. Para ella, tú eres la materia prima de su negocio y sabe cómo moldearte y manejarte para que hagas aquello que ella necesita y nunca otra cosa distinta. Ella es la empresaria y tú solamente su objeto de trabajo. Pero, si la relación la estableces con una mujer prostituida a la fuerza por una mafia de proxenetas, entonces te conviertes en una víctima de la mafia al igual que ella. Son los proxenetas los que se benefician con tu consumo, los que engordan sus cuentas corrientes a base de vaciarte los bolsillos y, gracias a tu colaboración, pueden mantener un negocio de tráfico de mujeres y niñas que está considerado el segundo negocio ilegal más rentable del mundo, después del tráfico de armas y por delante del narcotráfico. Con tu uso de la prostitución, tú estás contribuyendo al sostenimiento de tan repugnante negocio.

En fin, son datos y reflexiones que quizás te sirvan para tomar conciencia de cuál es tu verdadero papel en el negocio de la prostitución, que no es otro que el del consumidor y seguro que conoces algún estudio acerca de cómo nos manipulan las grandes empresas para crearnos falsas necesidades, estimular nuestros deseos e inducirnos a consumir de manera compulsiva para que las fuentes de los grandes beneficios no dejen de arrojar dinero en sus manos. Sólo que en este caso de la sexualidad es más sangrante, puesto que te ves inducido a comprar algo que puedes obtener gratis, en una relación más humana, afectiva, compartida y mucho más placentera para ambos. Una sexualidad libre, no sujeta a la tiranía de la oferta y la demanda, ni a las repugnantes condiciones del tráfico de mujeres y niñas. Una sexualidad igualitaria, en las que nadie domina a nadie, nadie controla a nadie, sino que se comparte desde la autoestima y la empatía. Una sexualidad fraterna, donde no se busca sólo el desahogo de un polvo contra reloj, sino la vivencia de sentimientos y emociones que sólo se pueden expresar en las relaciones igualitarias.

Piénsatelo y, si te sirven para formarte otra actitud hacia el tema, me daré por satisfecho. Un saludo cordial de un amigo.

¿Alguna vez hemos usado los servicios de una prostituta? ¿Nos hemos sentido bien después de haber estado con ella? ¿Qué alternativas podríamos tener para no usar estos servicios?