El comienzo de un nuevo año es un buen momento para reflexionar sobre nuestro devenir. Reencontrarse con uno mismo: de dónde vengo, quién soy y qué querría hacer con mi vida. Sería bueno hacer balance de lo pasado: aceptar errores, asumir aciertos y distinguir entre lo urgente y lo importante. Ser conscientes de que estamos vivos y de que nuestras vivencias son nuestras, únicas y especiales.

Es razonable ponerse objetivos y metas: a qué perder miedo, a quién amar, cómo, a qué nos vamos a dedicar, qué cosas no hemos hecho y nos gustaría realizar… Ponerse objetivos, suele generar emociones contrapuestas: miedo y culpa. No obstante, pensar que sólo nos arrepentimos de lo que no hicimos.

León en la Onda con Javier Chamorro y Miguel Ángel Cueto (10 enero 2018). Audio cortesía de Jorge Martínez.

Metas

Las metas es mejor que sean posibles y realistas para superar la pereza y la desidia. Es adecuado escribirlas, comentarlas y que sean a corto, medio y largo plazo. También podemos experimentar cosas nuevas ya que, si hacemos siempre lo mismo, tendremos los mismos resultados. Para conseguirlas es importante generar rutinas diarias y tener apoyos. Alhgunas de nuestras metas podrían ser:

  • Salud: Alimentación frugal y sana, higiene personal, ejercicio físico, aire puro. Dejar hábito tóxico y menor estrés.
  • Dinero: Saldar las deudas, ahorrar, encontrar o cambiar de trabajo.
  • Amor: Pasar más tiempo con las personas que nos quieren. Apartarnos de tóxicas.
  • Aprender: algo nuevo, viajar y ver lugares nuevos.

Finalmente, adoptar actitudes optimistas y no compararnos con otros por ser más felices sería una buena forma de no amargarnos la vida. Lo deseable es buscar la felicidad personal y familiar, sentirnos satisfechos en lo afectivo y emocional, cultivar la amistad y ver el lado bueno de la vida y de las personas. Finalmente, tener adicciones positivas: descansar lo suficiente, alimentación frugal y sana, hacer ejercicio para cuidar nuestro cuerpo. Sólo nos quedaría aceptar las frustraciones de la vida cotidiana.